A tiempo de actuar

[Publicado originalmente en eldiario.es]. Más allá del comprensible desconcierto que ha provocado la irrupción de Vox en las elecciones andaluzas, con su consecuente aluvión de artículos, análisis, opiniones, etc., a mi modo de ver se está desviando la atención de lo que realmente nos importa. Ya se sabe, según los últimos datos, que la inmensa mayoría de los apoyos de Vox provienen de antiguos simpatizantes del Partido Popular, desencantados con los niveles inauditos de corrupción y por fin con una alternativa siamesa a la que votar (cuesta encontrar las siete diferencias entre el discurso de Casado y los candidatos de Vox).

Si el votante desencantado de la peor derecha ha encontrado su alternativa, cabe preguntarnos por qué al de izquierda no le ha ocurrido algo similar. La arrogancia de los líderes de Podemos, y en este caso de manera especial la de Teresa Rodríguez, lleva meses haciendo oídos sordos a los avisos que pronosticaban la tragedia, y no es de esperar una autocrítica mínimamente seria (en eso también se parecen a sus compañeros de naufragio de IU).

El barco Adelante Andalucía, de manera sorprendente, fue construido por empeño de Rodríguez con el maderamen de la vieja política, y de nada sirve rasgarse ahora las vestiduras si no tomamos nota para el futuro. Los llamamientos de Rodríguez a vuelta de recuento electoral para recuperar el empuje del 15M suponen un insulto a la inteligencia de quienes deberíamos haber sido sus votantes naturales, quienes, de hecho, le hemos retirado la confianza porque ese 15M que invoca como fetiche manoseado es lo que lleva traicionando paso a paso en estos meses. La lista es larga: pactos en despachos cerrados, rescate obstinado y en pie de igualdad a un partido clásico del Régimen del 78 como es Izquierda Unida (PCA, en realidad), listas negociadas, aterrizaje cunero en Málaga, peleas por colocar a los de su corriente en los puestos de salida, alianzas con los enemigos internos de sus propios enemigos internos, permisividad incluso con los imputados de su formación por uso indebido de fondos públicos, como en el caso de Málaga, un código ético a lo Carmena (ya saben, es solo una referencia) y así podríamos seguir, pero queda claro que aquello de «En Podemos decide la gente» se ha convertido en un mal chiste incapaz de hacer gracia a más de un 16% del electorado (dejemos al margen el discurso esencialista sobre Andalucía). Sigue leyendo

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