Las migajas del PSOE

  • 43d485c5-b5b5-4d1f-b90b-695acb757153_16-9-aspect-ratio_default_0 (1)Las medidas que Unidas Podemos ha logrado incluir en el “escudo social” son migajas, así que asusta pensar qué haría el PSOE en solitario.

[Publicado originalmente en elDiario.es]. Asusta pensar de qué sería capaz el PSOE o, mejor dicho, de qué no sería capaz, sin el contrapeso que Unidas Podemos ejerce en el Gobierno. A fin de cuentas, las medidas que Unidas Podemos ha logrado arrancar al PSOE, con una negociación in extremis a final de año, son solo migajas que únicamente de manera muy pomposa cabe llamar “escudo social”.

Mientras el Gobierno sube la inversión en armamento, por otro lado reparte una vergonzante calderilla, una caridad que en nada trastoca el reparto de riqueza. Por mucho que diga lo contrario Pedro Sánchez, al final, esta crisis la estamos pagando los de siempre. Ciertamente no del mismo modo que en 2008, con alevosía, cachondeo y saqueo, pero habría que preguntarse hasta qué punto eso no es mérito de las peleas que libra Unidas Podemos, lo que no deja de suponer un magro consuelo.

En efecto, no cabe sacar pecho por las migajas que van a caer de la mesa en este 2023. ¿De verdad alguien se puede vanagloriar por la ayuda del cheque de 200 euros que puede recibir una familia entera con recursos reducidos en la que nadie perciba, por ejemplo, la miseria del Ingreso Mínimo Vital? ¿De verdad es una conquista que los contratos de alquiler de vivienda que venzan en la primera mitad de año se puedan prorrogar seis meses sin subida de precio?

Es obvio que debemos celebrar la mayor parte de las medidas que componen el «escudo social»; algunas, como el incentivo a los transportes públicos, de un valor incuestionable. Alivia que Unidas Podemos ejerza esa presión

Suena a un mal chiste. Sobre todo porque no hay visos de que, por fin, vayamos a contar con una ley digna de vivienda. De hecho, ni siquiera ha entrado en vigor, casi un año después, la que de manera tan frustrante el gobierno acabó por redactar y a la que Unidas Podemos, con toda la razón, exige algunas enmiendas. Aquí en Andalucía, y especialmente en Málaga, donde la vivienda ha experimentado el mayor encarecimiento de todo el país, sabemos de lo que hablamos.

Tampoco vamos a tener una verdadera reforma fiscal, sino esos retoques para la banca y las energéticas que, de manera increíble, solo son “excepcionales y temporales”. Eso, a pesar de que el cuento de que en España se pagan muchos impuestos ya no cuela, como demostró el CIS. Se ha llegado incluso a la paradoja de que, mientras en España los ricos pagan muchísimos menos impuestos que en nuestro entorno, y en Andalucía todavía menos, el Gobierno central decide eliminar el IVA de algunos alimentos. De ese modo pierde todavía más poder recaudatorio, un sinsentido que la propia Yolanda Díaz se ha tenido que tragar, como ha admitido. Ya experimentamos un despropósito semejante cuando el Gobierno, para aliviar la salvaje subida de la luz, rebajó el IVA de la factura, pero no tocó los beneficios de las energéticas, o solo de esa manera “excepcional y temporal” que con tanto ahínco remarcó Calviño. Ni siquiera cuando sabíamos que habían vaciado embalses, a ver si así nos exprimían más con la factura de cada mes.

Es obvio que debemos celebrar la mayor parte de las medidas que componen el “escudo social”; algunas, como el incentivo a los transportes públicos, de un valor incuestionable. Alivia que Unidas Podemos ejerza esa presión. Sin embargo, teniendo en cuenta que entramos en año electoral, no deja de alarmar que esto sea a todo lo que el Gobierno más progresista de la historia pueda llegar. Por eso resultan tan tristes las peleas por dirimir quién encabezará y con qué nombre la candidatura a la izquierda del PSOE en las próximas elecciones. El intento electoral puede revestir toda la dignidad que se quiera, pero seamos sinceros, no dejará de ser eso: la papeleta de las migajas.

Ahora sí: Sánchez nos regalará por Reyes la ley más progresista de la historia mundial

  • El desahucio por sorpresa de la septuagenaria Rosario de Madrid, en plena madrugada invernal el día de la Lotería, ha conmovido al presidente más progresista de la historia

Rosario[Publicado originalmente el 28/12/2022 en elDiario.es]. El Gobierno de España sigue decidido a demostrar por qué es el más progresista de nuestra historia. Si, tal y como publicaba hace unos días este mismo diario (https://www.eldiario.es/economia/espana-lidera-vuelco-mitos-neoliberales-union-europea_1_9812636.html), ha puesto patas arriba dos los mitos neoliberales, hoy mismo daba un paso más: la ley de vivienda que iba a entrar en vigor de manera inminente se queda en un cajón. España tendrá otra nueva ley de vivienda, mucho más ambiciosa, tanto que, por fin, acabará con los 100 desahucios diarios que de media siguen poniendo en la calle a gente como la señora Rosario, del distrito madrileño de Vallecas.

Ya saben, el pasado día 22 a esta anciana, mientras la atención mediática se centraba en el sorteo de Lotería de Navidad, le tocó el gordo. Gracias a una estrategia novedosa, el juzgado adelantó por la puerta de atrás su desahucio, previsto para el mes de enero, sin tiempo para que se enterara su abogado. A la calle de madrugada, por sorpresa y en pleno invierno. Bueno, a la calle exactamente no, porque Rosario es una activista de la PAH y, por fortuna, antes de acabar sus días debajo de un puente, ya está ocupando otra vivienda con otros compañeros (https://ctxt.es/es/20221201/Politica/41646/senora-charo-pah-vallecas-desahucio.htm). Sí, la septuagenaria Charo, que percibe una ayuda de 300 euros mensuales, es una de esas terribles okupas que están poniendo en jaque la seguridad nacional.

Ante esta situación, Pedro Sánchez ha admitido que la ley ley de vivienda que su gobierno aprobó este mismo año no debe entrar en vigor. Él mismo reconoce que esa ley deja fuera del control de precios al 85% del mercado actual, ya que la limitación se dirige únicamente a la empresas que acumulen más de 10 viviendas. De hecho, esa ley hace buenas las declaraciones del exministro Ábalos, que admitió que en España la vivienda es un bien de mercado y no, como creían algunos ilusos, un derecho constitucional (https://www.eldiario.es/politica/erc-bildu-piden-comparecencia-abalos-negativa-imponer-techo-precio-alquiler_1_7242232.html). Lo sentimos Ábalos, con ese tipo de declaraciones es normal que te desahuciaran del gobierno más progresista de la historia.

Ha costado, pero cuando Sánchez se ha enterado desde La Moncloa que 2022 se cierra con 29.000 desahucios, se ha conmovido. Es verdad que, hace ya un año, Amnistía Internacional advirtió de que la ley incumplía el Pacto Internacional de los Derechos Económicos, Sociales y Culturales de la ONU (https://www.eldiario.es/economia/ley-vivienda-incumplir-derechos-onu-amnistia-internacional-caritas_1_8678616.html), pero Sánchez es el presidente más progresista de la historia, no el más rápido. No en vano, estaba muy ocupado aprobando leyes que afectan a nuestras instituciones: la sedición, la malversación, etc. (la del poder judicial y la derogación de la Mordaza ya, si eso, en otra legislatura). Cosas así le quitan tiempo a cualquiera para comprobar si el famoso escudo social estaba protegiendo a sus supuestos destinatarios. A fin de cuentas, España es grande, y los 29.000 desahucios del año están tan dispersados que no resulta fácil verlos.

Ahora, Sánchez va a ir más allá de meros parches (https://www.eldiario.es/economia/sanchez-diaz-pactan-congelar-precio-alquileres-renovacion-contratos-seis-meses_1_9824843.html). Va a demostrar que para algo han servido los 35.000 millones de incremento de la deuda pública que ha costado rescatar la SAREB. El banco malo (que, según el exministro Luis de Guindos, no nos iba a costar un euro) adquirió con su creación 500.000 viviendas, procedentes de las entidades financiaras que habían protagonizado la burbuja inmobiliaria. Sánchez, bien asesorado por Calviño, ha decidido que con ese medio millón de viviendas… ¡va a crear un parque público de alquiler social! De ese modo, gente como Rosario no pasará nunca las Navidades en algún improvisado portal de Belén.

El texto para esta nueva ley, por lo visto, va a ser anunciado el 6 de enero, como un regalo de Reyes del presidente a todos los españoles… Bueno, vale, basta ya de tanta tontería. Perdonen si en algún momento se han llegado a ilusionar, pero seguro que a estas alturas de la columna ya se han dado cuenta de que hoy es 28 de diciembre. Por lo demás, que tengan un feliz año.

El cromo Marlaska

  • Pactar que no se repruebe a Marlaska a cambio de evitar otra posible reprobación a Irene Montero te acerca demasiado a la indecencia

Marlaska (1)[Publicado originalmente en elDiario.es].Ya expliqué en otra ocasión por qué considero que Grande-Marlaska es un ministro perfecto para el bipartidismo. De manera habitual, los gobiernos del PSOE colocan en Interior a titulares con tendencia al autoritarismo y la falta de escrúpulos morales. Son cromos intercambiables, ministros que encajarían igualmente bien en un gobierno del PP. O más a la derecha, como estamos viendo desde hace años con el inefable Corcuera. De hecho, Marlaska era uno de los magistrados mimados por el PP, partido con el que se llevaba de maravilla hasta que Sánchez le tentó con el Ministerio. Entonces, de la noche al día, Marlaska se declaró “progresista”. Así, sin despeinarse.

Atrás quedaban sus votos particulares contra la absolución de las personas encausadas por rodear el Parlament o las sanciones que España ha debido pagar después de que Estrasburgo sentenciara que, en su etapa de magistrado en la Audiencia Nacional, Marlaska hacía la vista gorda ante las denuncias de torturas. No solo eso, sino que, en contra de la propia Justicia, su Ministerio ha permitido que este mismo año se condecore a un comisario condenado, sí, por torturas. Son episodios, entre otros, que repasa aquí Neus Tomás.

Todos ellos, como es evidente, los conocía de sobra Pedro Sánchez cuando le propuso hacerse progresista. Sabía, sin lugar a dudas, que una persona de esa catadura no iba a tener ningún reparo. Al Gobierno le vendría de perlas para que llevara a cabo todas esas barbaridades que el propio Sánchez había criticado en la oposición, empezando por la Ley Mordaza y continuando por las devoluciones en caliente. Con Marlaska al frente, la práctica sigue siendo la misma, pero ahora se llaman “rechazos en frontera”.

 

El Parlamento pretende reprobar al ministro por su gestión y mentiras en la tragedia de Melilla. Sin embargo, Unidas Podemos evitará esa reprobación a cambio de sortear otra contra Irene Montero

El ministro es consciente de que a él le eligieron precisamente por su falta de humanidad, por su manera de entender la justicia desde el punitivismo exacerbado y su desprecio a los derechos humanos. Así, no es de extrañar que, a pesar de todas las evidencias, siga afirmando que en suelo español no muriera nadie durante la tragedia de Melilla, al tiempo que muestra una inaudita indiferencia ante los cadáveres acumulados del lado de nuestros socios marroquíes. A fin de cuentas, como contraprestación a la traición española al Sáhara, nos están haciendo ese trabajo sucio.

Grande-Marlaska es una vergüenza para la democracia y los derechos humanos. El Parlamento pretende reprobar al ministro por su gestión y mentiras en la tragedia de Melilla. Sin embargo, Unidas Podemos evitará esa reprobación a cambio de sortear otra contra Irene Montero.

El acoso al que la derecha y la extrema derecha (con el vergonzoso apoyo del sector tránsfobo del PSOE) está sometiendo a Montero resulta injustificable, ya lo dije en otro sitio. Aun así, no debería resultar un problema que tus oponentes políticos, con los que en principio libras una guerra cultural, pretendan reprobarte en el Congreso por lo que no deja de ser la agenda feminista de un Ministerio. La reprobación a Marlaska, sin embargo, es distinta. Si bien es cierto que, por oportunismo, la apoya la derecha, no menos lo es que también viene secundada por los socios del Gobierno. Sencillamente, la gestión del ministro es incompatible con la de su autoproclamado carácter “progresista”.

 

Después de todo lo que sabemos sobre Melilla, cualquier mínima indulgencia con Marlaska, y eso es lo que ha aceptado Unidas Podemos, se puede confundir con connivencia. Por eso, pactar con el PSOE un intercambio de cromos, en este caso Marlaska-Montero, te acerca demasiado a la indecencia. Hay un montón de cadáveres que lo atestiguan.

Lo de menos es de qué lado de la frontera.

Babosos

  • Pensaba que el odio contra una ministra de Igualdad iba a tener un límite, el de no hacerle el juego al patriarcado. Me equivocaba, pero sigo siendo optimista porque lo mainstream no siempre es sinónimo de mayoritario.

Irene Montero (1)[Publicado originalmente elDiario.es] Se puede ser un baboso con las mujeres y, aun en estos tiempos, no darte cuenta hasta que lo ves en un anuncio de televisión. Se puede, de hecho, ser tan baboso y aprovechar una fecha significativa como el 25 de noviembre para marcar paquete, si se me permiten la expresión. Se puede, incluso, jalear al baboso, sacar pecho en su nombre e incluso titular en algún periódico de gran tirada que con una breve alocución en tu programa de televisión le has “dado un hostión” a la ministra de Igualdad. Un hostión, el 25 de noviembre.

Lo peor, con todo, viene cuando desde donde menos cabía esperar se le hace el trabajo sucio a los babosos. Lo decía, con otras palabras, el filósofo Preciado en una entrevista en este mismo periódico, a propósito de la brecha que algunas feministas están abriendo con la excusa de la Ley Trans: “Las mujeres que se reivindican como naturales excluyen a otras de los pocos privilegios de la feminidad blanca heterosexual […]. Nada podía ser mejor ni más útil para la Conferencia Episcopal y para Vox que ver una parte de la izquierda y del feminismo hacer el trabajo sucio […] Defienden sus propios privilegios, que han adquirido gracias a luchas históricas que ha hecho el feminismo obrero, lesbiano, queer…”. De hecho, en Madrid, esas “mamarrachas obsesionadas por adivinar los genitales de los demás” (decía en Twitter Silvia Cosio) no dudaron en convocar una manifestación alternativa para, sí, en pleno 25 de noviembre y con los babosos de subidón, pedir la dimisión de Irene Montero.

El furor punitivista con el que el feminismo mainstream se ha alineado con el bando de los babosos para engordar la controversia con las penas rebajadas a algunos abusadores sexuales a raíz de la aplicación de la ley del Solo Sí es Sí

Lo de “odiar tanto a Irene” es una anomalía democrática que explicaba muy bien Isaac Rosa en esta columna. Lo triste es que en ese odio, ya que no cabe otro término, valen hasta los argumentos más rancios y propios de la derechona. Por ejemplo, el furor punitivista con el que el feminismo mainstream se ha alineado con el bando de los babosos para engordar la controversia con las penas rebajadas a algunos abusadores sexuales a raíz de la aplicación de la ley del Solo Sí es Sí. Como hoy no dejo de traer citas, recojo estas palabras de Nuria Alabao: “…revela la inquebrantable fe en la cárcel como solución a la violencia sexual y en el castigo como la mejor manera de proteger a las mujeres. Es llamativo también que al propio Ministerio le cueste defender […] que las condenas nunca serán lo más importante para evitar la violencia y que esta ley introduce mejoras significativas […]. Como demuestran todas las investigaciones criminológicas, más cárcel no sirve para evitar los delitos”.

Lo verdaderamente preocupante no es la presencia concreta de algún baboso mediático, al que de manera fácil se le ha desenmascarado. Lo que debería causar alarma es el ambiente propicio que se ha generado desde el lado de las trincheras supuestamente contrario. Querer disfrazar de feminismo, o de diferencias internas, lo que en realidad no es sino una lucha por cuotas de poder y el resentimiento contra una nueva generación política, nos remonta a los mismos vicios babosos que en apariencia se pretenden combatir.

Personalmente asisto atónito, porque, en mi ingenuidad, pensaba que el odio contra una ministra de Igualdad iba a tener un límite, el de no hacerle el juego al patriarcado. Me equivocaba. Aun así, sé de sobra que lo mainstream no siempre es sinónimo de mayoritario, así que sigo siendo optimista.

Siguen siendo guerras culturales

  • El racismo que revelan las mentiras de Grande-Marlaska, la transfobia de un sector del PSOE, por no hablar de la enquistada crisis habitacional: son guerras culturales que el PSOE desactiva cuando llega al poder.

Valla Melilla (1)[Publicado originalmente en elDiario.es]. Ya no hablamos tanto de aquello de las “guerras culturales”, un término que tuvo su auge cuando la extrema derecha irrumpió en la política institucional. De pronto, se impuso con una urgencia que relegó aquello otro de la “batalla por el relato”, los “significantes vacíos” y demás. La guerra cultural era el marco en el que se podían expresar grandes sintagmas porque, más allá de políticas o gestiones concretas, proyectaban un modelo genérico de sociedad: blanca, cristiana, heterosexual, clasista, machista, etc. Luego, la izquierda entró en el Gobierno, y ese debate se diluyó. Desapareció, si alguna vez la hubo, la posibilidad de una política de parte. A fin de cuentas, en eso consiste también la socialdemocracia, en crear la fantasía de un supuesto consenso sustentado igualmente en una supuesta clase media.

Cada vez que el Gobierno intenta escorarse un poco a la izquierda, y así anotarse un tanto en la guerra cultural, llega Grande-Marlaska y lo chafa. Ahora ha ocurrido con la reforma del código penal y la eliminación del delito de sedición. Grande-Marlaska ha cortado el buen rollo al negar las evidencias que muestran los vídeos de Melilla. Se diría que la tenacidad con la que Sánchez le está defendiendo solo anticipa su destitución. Al fin y al cabo, con su postura, refuerza lo que ya sabemos, que Tarajal y la valla de Melilla son tragedias calcadas, como también su gestión y la de Fernández Díaz en su etapa de ministro popular. En suma, que con él como ministro no hay batalla cultural contra el racismo.

Las pataletas del PSOE contra los derechos de las personas trans es la misma que la del PP de antaño contra las personas homosexuales, es decir, otra guerra cultural: la del binarismo sexual y su determinismo biológico, en lo que ninguno de los partidos parece diferenciarse tanto.

Es evidente que este Gobierno tampoco va a librar la verdadera guerra cultural de la memoria democrática, la que reside en los patrimonios ilícitos. No se atreve a dar esa batalla

La nueva ley de memoria histórica servirá de poco, porque son incontables las que ya sumamos entre estatales y autonómicas. A la postre quedan en algunos gestos cosméticos: exhumaciones, algún nombre de calle y a veces ni eso. En mi barrio, sin ir más lejos y como ya conté en otra ocasión, todas las calles rinden tributo a los golpistas. Ninguna de estas leyes se fundamenta en principios verdaderos de justicia reparativa, que a medida que pasan las décadas parece más improbable. Es evidente que este Gobierno tampoco va a librar la verdadera guerra cultural de la memoria democrática, la que reside en los patrimonios ilícitos. No se atreve a dar esa batalla. Apellidos bien conocidos o instituciones como la Iglesia católica siguen gozando impunemente de un patrimonio engrandecido con el expolio que les facilitó la guerra y la dictadura.

La masiva manifestación, que por fin ha demostrado que la defensa de la sanidad pública no es solo tarea de las sanitarias y sanitarios, revela también otra guerra cultural. Es la de la compartimentación social, esos guetos que de facto se pretenden establecer para los pobres: barriales, sanitarios, escolares. Por alguna razón, a nadie en el Gobierno se le ha ocurrido que, ya que se habían puesto con lo del delito de sedición, igual habría estado bien blindar el acceso a la salud. Como delito de “sedición sanitaria” podrían haber tipificado lo que gobiernos como el de Madrid o el de Andalucía hacen con nuestro sistema de salud.

Y entre tanto, se siguen aplaudiendo películas como En los márgenes. No en vano, es solo una ficción, nada tiene que ver que el PSOE no sea capaz de hacer nada digno con la SAREB, el banco con el que PP nos estafó y que, mientras tenemos 100 desahucios al día, acumula miles de viviendas deshabitadas en cada Comunidad Autónoma.

La lista se puede alargar de manera interminable, empezando por el furor belicista con el que la invasión de Ucrania ha vuelto a hermanar al PSOE y al PP. Podría continuar con la laxa postura frente a la emergencia climática y los derechos animales, que tan bien expresó el presidente con su “chuletón al punto”. Luego acabaríamos en la trifulca a cuenta del Poder Judicial, que es un atentado del Partido Popular contra la democracia, sin duda, pero en el fondo únicamente revela un defecto viciado de fábrica: la falta efectiva de separación de los poderes, en la que, me temo, ninguno de los dos partidos difiere mucho.

Y es que al final va a parecer lo que es: que cuando el PSOE gobierna deja de hablarse de guerras culturales, no porque las gane, sino porque deja de librarlas.

Nueve requisitos para visitar a un paciente de UCI

  • En pocos lugares como en una sala UCI se pone de manifiesto la hipocresía del discurso institucional sobre familia, cuidados, feminismo, medio rural, trabajo o salud mental

[Publicado originalmente enUCI (1) No sé si es cierto aquello de que de toda experiencia, por mala que sea, acabamos aprendiendo algo. Lo que desde luego sí tengo por seguro es que si ponemos el foco no tanto en los pacientes como en quienes les visitan, una UCI hospitalaria acaba arrojando conclusiones sorprendentes. En todas ellas se manifiesta la hipocresía del discurso institucional sobre algunos asuntos que, se supone, vertebran nuestra sociedad. Veamos algunas de esas conclusiones:

1. Sácate el carnet de conducir… como un hombre. Es habitual que en cada provincia solo un único hospital, el de la capital, reúna todas las especialidades, por lo que un accidentado cerebral, por ejemplo, tendrá que ser trasladado hasta allí. Quizá su localidad se encuentre a, no sé, una hora y media de coche. Eso que llamamos patriarcado provoca que, de manera habitual, en algunos pueblos las mujeres de mayor edad nunca hayan conducido, de modo que, aun sí estuvieran en condiciones de hacerlo, no tendrían cómo desplazarse con frecuencia a esa UCI.

2. Muérete joven. Si llegas a la vejez y no has tenido hijos, es muy probable que ya te queden muy pocas personas alrededor, y que las que queden carezcan de energía para cuidar a nadie en situación delicada.

3. Consigue pasta. Por seguir con el ejemplo de esa misma señora del primer punto, que también puede ser la del segundo. Quizás tampoco tenga medios económicos, así que durante un tiempo indeterminado pasará las siguientes semanas durmiendo en una silla de una sala de espera. La culpa es suya, claro, porque con una buena cuenta de ahorros se podría haber instalado cómodamente en un hotel, o alquilar un pisito por Airbnb o, como mínimo, una pensión.

4. No te enamores. A lo mejor la persona ingresada es la pareja de la señora, con quien lleva compartiendo media vida y no concibe alejarse de ella ni, por descontado, conseguir algún modo de transporte hasta su pueblo para descansar allí algunos días. ¿Pero por qué no se larga a ese distante pueblo? A fin de cuentas, en la UCI se puede pasar mucho tiempo en estado inconsciente, así que ¿cuál es la diferencia para el paciente si te quedas una semanita tan tranquilamente en tu casa? Vale que nos han machacado con eso de que la familia es la base de la sociedad. Pero basta de ingenuidad: cuando entras en una UCI a hora y media en coche de tu domicilio, ¿por qué tendría que preocuparse alguien de tus familiares?

5. Elogia la vida rural, sobre todo si es en el cine. Puedes empezar deseando que Alcarrás gane el óscar. Es una pena lo que le estamos haciendo a la gente del medio rural y tienen derecho a una vida digna, aunque luego les llevemos a morir a una capital de provincia sin buenas comunicaciones y no contemos con ayudas para estancias de sus cuidadores.

6. Deja el trabajo cuanto antes, pero también arréglatelas para pagar impuestos. El Estatuto de los Trabajadores recoge dos días de permiso por hospitalización de familiar, y otros dos extraordinarios si esta hospitalización te exige un desplazamiento de más de 200 kilómetros. Después de esos cuatro días, en el mejor de los casos, pídete la baja sin sueldo, aunque no tengas para un hotel, un pisito Airbnb o una simple pensión. Lo de menos es que lleves 40 años pagando impuestos con tu nómina o que el presidente de tu Comunidad Autónoma se los quiera rebajar a los ricos. El trabajo dignifica, excepto cuando tienes a alguien en la UCI, que entonces se convierte en un engorro.

7. Habla mucho de salud mental, pero como si fuera un problema caído del cielo. Eso es sobre todo cosa de la chavalería y sus excesos con los porros, que les dejan tontas y tontos. No tiene nada que ver con dormir a tus 70 años en una silla de hospital noche tras noche mientras agoniza tu pareja.

8. No sueñes. Podrías fantasear con hospitales que se hicieran cargo, mediante algún tipo de alojamiento y pensión alimenticia, de la persona cuidadora sin posibles que ha debido abandonar su lejano domicilio para instalarse en una silla de la sala de espera. Podrías, pero te llamarían gilipollas, aunque ya hayan tenido esa idea antes que tú.

9. Si vuelves a leer una columna como esta niega cualquier parecido con la realidad. Pero por si acaso cruza los dedos.

Si midiéramos el gasto público solo por sus efectos en la vida

  • Qué diferente sería una contabilidad pública que solo cuantificara el efecto de cada nueva medida: “El presupuesto total para esta reforma fiscal es de dos meses más en las listas de espera hospitalarias, cinco alumnos más por aula y dos bomberos menos por dotación.

monedas (1)[Publicado originalmente en elDiario.es]. Hace medio siglo, las feministas nos enseñaron que lo personal es político. Hoy podríamos ir un poco más lejos y afirmar que la cotidianidad es una consecuencia política… de los planes gubernamentales. En Andalucía, como en tantas otras Comunidades, lo podemos sufrir en gestos tan nimios como concertar una cita en nuestro centro de salud.

Cuando Juan Manuel Moreno anunció una escandalosa rebaja fiscal para los ricos de Andalucía, simplemente estaba plasmando lo que ya sabíamos: una vez escudado en la mayoría absoluta, podía tirar por la borda y sin rubor todo el discurso de apariencia centrista que, seguramente, coló a algunos incautos votantes. La rebaja fiscal que ha anunciado nos va a restar 900 millones de euros anuales de recaudación. Y esos 900 millones tienen consecuencias en nuestra cotidianidad. Intenten, como yo hice semanas atrás en Málaga, concertar cita en su centro de salud.

Qué diferente sería ese tipo de contabilidad que prescindiera de cifras monetarias y solo cuantificara el efecto cotidiano de cada nueva medida

La aplicación Salud Responde únicamente me daba la posibilidad de pedir una cita telefónica y, además, para nueve días más tarde. Esa espera es ya de por sí todo un posicionamiento ideológico sobre la sanidad pública. Como cabía suponer, después de esos nueve días, mi médica de cabecera me aseguró por teléfono que necesitaba examinarme en persona. Solo así determinaría el origen de mi dolencia, que podía obedecer a distintas causas. Sin embargo, la única cita que le permitía el sistema aparecía 12 días más tarde.

Para que pudiera visitarme de manera más o menos inmediata, incluso después de esa espera de nueve días que yo arrastraba, solo me quedaba una opción delirante: personarme en el centro de salud una mañana a las ocho en punto, y únicamente a esa hora. En las mesas de recepción me asignarían una hora para que volviera a personarme esa misma mañana de urgencia y por fin me atendiera un médico. En suma, que te vea un médico que reclama examinarte requiere una reserva de cita telefónica que solo llega más de una semana después, un desplazamiento posterior al centro de salud a una hora exacta e inamovible y, más tarde, acudir de nuevo a ese mismo centro.

Con 900 millones menos de recaudación anual vamos camino de que esa sea nuestra cotidianidad. O más bien de que aún empeore. A veces fantaseo con un tipo de contabilidad pública que midiera de otro modo los presupuestos y la fiscalidad. ¿Se imaginan? Algo así como un anuncio del consejero de turno en el que declarara: “El presupuesto total para esta reforma fiscal es de dos meses más en las listas de espera hospitalarias, cinco alumnos más por aula y dos bomberos menos por dotación”. Qué diferente sería ese tipo de contabilidad que prescindiera de cifras monetarias y solo cuantificara el efecto cotidiano de cada nueva medida.

Tal vez Moreno cree que esos mil millones que solicita han caído del mismo cielo del que no llega la lluvia y no, precisamente, de impuestos como los que él ha eliminado

En realidad, el propio Moreno lo sabe de sobra. De otra forma, no se entiende la ridícula petición que ha elevado al Gobierno central para que inyecte a Andalucía casi la misma cantidad que él va a dejar de recaudar con su reforma impositiva. Tal vez cree que esos mil millones que solicita han caído del mismo cielo del que no llega la lluvia y no, precisamente, de impuestos como los que él ha eliminado.

Resulta igualmente desolador que reclame al Gobierno central infraestructuras hidráulicas financiadas con impuestos como los que él desprecia, pero que no se haya enterado de algunos problemas de fondo sobre la sequía. Igual ha llegado el momento de que entienda que, mientras en algunas zonas de Andalucía se cultive como si habitáramos los trópicos, seguirán muriendo nuestros embalses.

Claro que, para ello, haría falta un poco de educación, la misma que sus recortes fiscales van a malograr.

El viejo patriarcado de ayer mismo: un poco de optimismo

  • He vuelto a ver ‘Te doy mis ojos’, que marcó época contra la violencia machista, y aun así hoy reparamos en que en algunos aspectos se quedó muy corta,

TeDoyMisOjos (1)[Publicado originalmente en elDiario.es] A veces el patriarcado, siempre tan resistente y proteico, envejece rápido, más de lo que muchos querrían reconocer, lo que explica tanto intento de tergiversación y tanta paleta cada vez que el Ministerio de Igualdad saca alguna iniciativa de sentido común. En ocasiones los manotazos llegan incluso desde sectores cercanos al Gobierno.

Sin embargo, por mucho afán retrógrado y ruidoso, por muchos bulos y alarmismos ridículos, por mucho alboroto parlamentario y ecos mediáticos, nos damos cuenta de que actitudes que antes percibíamos como adecuadas, incluso feministas, hoy nos parecen anticuadas, cómplices del enemigo, por decirlo de modo exagerado.

Es algo que de manera clara me sucedió hace un par de semanas, cuando volví a ver Te doy mis ojos, la película de 2003 de Iciar Bollaín, con guion de ella y Alicia Luna. No han pasado ni veinte años desde su estreno, que supuso un sonado, y merecido, hito en la lucha contra la violencia machista (que entonces ni siquiera llamábamos así) y una buena parte de la película ya rechina. En especial, la que se centra en la terapia, grupal e individual, a la que se somete el maltratador, encarnado por un soberbio Luis Tosar. Este aspecto de la película fue uno de los más comentados en su momento, pues, se decía, con acierto, que dotaba al personaje de profundidad, de complejidad, que no lo reducía a un mero monstruo fácil de odiar, lo que hubiera restado intensidad y humanidad al guion hasta la burda simplificación. Nada que objetar al respecto.

Los términos «patriarcado» o «machismo» no aparecen por ningún lado. No se les hace ver a los maltratadores que esas masculinidades perversas y delicadas son una expresión patriarcal que contrarrestan a base de palizas, y que estas siempre son ilícitas

El problema, hoy tan evidente, surge cuando vemos el tipo de terapia a la que asiste, tan conductual, tan centrada en la pura expresión superficial de la violencia, que acaba por convertir los abusos del hombre en una mera cuestión de gestión emocional, sin raíces de ningún tipo, sociales ni patriarcales. La labor del psicólogo se limita a enseñar a los maltratadores a identificar las primeras señales de la ira (sudores, hormigueos, temblores, etc.) para, de ese modo, antes de que terminen de estallar y apalicen a sus parejas, coger la chaqueta y marcharse a dar un paseo. Es más, cuando el personaje de Tosar le explica al terapeuta los arrebatos de celos que le ciegan, este, simplemente, le hace ver que no son racionales. Aunque su mujer tenga compañeros varones de trabajo, no significa que se sienta atraída por ellos; si no le coge el teléfono, tampoco quiere decir que se esté acostando con alguno. Y eso es todo. Como si, en caso contrario, una paliza se pudiera entender.

Los términos “patriarcado” o “machismo” no aparecen por ningún lado. No se les hace ver a los maltratadores que las inseguridades que arrastran, que esas masculinidades perversas y delicadas, son una expresión patriarcal que contrarrestan a base de palizas, y que estas siempre son ilícitas. No, no se ahonda en cómo han llegado a incorporar la violencia habitual contra las mujeres en sus relaciones, y cómo, de hecho, lo confunden con amor. Control de la ira, técnicas de relajación, dominio sobre la imaginación calenturienta… Como si, para acabar con la expresión más violenta del patriarcado, bastaran ejercicios de respiración guiada.

Al final, como quizás recuerden, son las mujeres las que deben resolver el problema, otro de los aciertos del guion.

Que hoy nos rechinen tanto esos aspectos de una película que marcó época es, en el fondo, una buena noticia. Significa que sin duda hemos avanzado como sociedad, que identificamos rápidamente las fallas de ese tipo de terapia superficial, y que hoy sabemos insuficientes del todo. Alegrémonos, por tanto, de las pataletas y manotazos.

Solo quieren decir que las enseñanzas feministas siguen imparables.

‘Vengo de ese miedo’: poner cuerpo y voz al horror de la violencia infantil

  • portada_vengo-de-ese-miedo_miguel-angel-oeste_202207111619 (1)El relato de supervivencia del malagueño Miguel Ángel Oeste sobre el maltrato al que le sometieron sus padres, a la postre un retrato de época, me dejó, por primera vez en mi vida, sin palabras después de terminar un libro.

[Publicado originalmente en elDiario.es]. A lo largo de 300 páginas Miguel Ángel Oeste quiere matar a su padre, un mantra que repite una y otra vez, para desconcierto inicial del lector, en el relato autobiográfico Vengo de ese de miedo (Tusquets). Cuando uno concluye esta lectura se pregunta: “¿Por qué no lo has matado?”. O aún peor: “¿Por qué no te mataste tú, cómo conseguiste sobrevivir a las palizas, abusos, humillaciones y vejaciones a los que desde niño te sometió de manera constante tu padre?”. Y tu madre. De hecho, este estremecedor libro arranca con la muerte de ella, a cuyo entierro Oeste (que se ha inventado su apellido para eludir la huella del horror) ni siquiera asistió.

Nunca antes me había ocurrido que al cerrar un libro me quedara sin palabras para describirlo. Siempre encuentro el modo inmediato de transmitir mi descontento o mi entusiasmo después de una lectura. Vengo de ese miedo me dejó tan conmocionado que las primeras palabras no llegaron sino al cabo de varios días. Por qué no lo mataste, Miguel Ángel, por qué no te mataste. Si es verdad el tópico de que un buen libro es aquel al que entras siendo uno y sales convertido en otra persona, solo puedo decir que yo ya no soy el mismo.

En medio de toda esa banalidad narcisista tan propia de la autoficción, un libro de memorias como este, si bien construido con las herramientas de la ficción, reúne algunas virtudes mayores. En primer lugar, porque, a pesar de las atrocidades que desvela, evita con maestría el tono victimista o incluso el escabroso exhibicionismo, males típicos en tantas narraciones confesionales. En segundo lugar, porque ni siquiera señala, juzga o culpa a quienes durante su calvario, y el de su hermano, miraron a otro lado. Y eso no es solo un posicionamiento ético, sino también una cuestión de pericia estilística, un dominio literario que, sin duda, eleva la calidad artística.

Como en toda buena literatura, la verdad se erige por encima de los hechos, y lo de menos es el carácter autobiográfico del libro porque a fin de cuentas trasciende su propia historia

Esta es, de hecho, una de las claves de Vengo de ese miedo. Sin complacencia, sin concesiones y rehuyendo cualquier escena fácilmente lacrimógena, Oeste ha compuesto un texto medido, siempre en equilibrio, que atraviesa al lector sin caer en la truculencia. A la postre, consigue algo que solo un verdadero narrador puede lograr: que la realidad no se confunda con el realismo, que por muy ciertos que sean los hechos expuestos no parezcan inverosímiles, un defecto harto común cuando leemos historias tan centradas en el mero acontecimiento que acaban perdiendo su verdad en favor del morbo.

Aquí ocurre lo contrario: como en toda buena literatura, la verdad se erige por encima de los hechos, y lo de menos es el carácter autobiográfico del libro porque a fin de cuentas trasciende su propia historia. Esto es así porque el libro se acaba convirtiendo en el retrato de una sociedad, de un país y una época concretos. Y, por supuesto, el de una generación que en numerosas ocasiones padeció desde el silencio una espeluznante experiencia que, si bien hoy deja traumatizados de por vida a tantos adultos, al menos se visibiliza. Incluso con leyes específicas. No era así hace cuarenta años. Entonces, sin siquiera protocolos escolares, una maestra podía pasar por alto que las calificaciones de un alumno aplicado se descalabraran estrepitosamente y sin causa aparente. El maltrato es también el silencio de quienes tienen poder para atajarlo. Y si no que pregunten a la jerarquía eclesiástica.

Oeste ha puesto carne, vísceras, dolor y angustia a la frialdad de la prosa jurídica, de las estadísticas, de la distancia creada por cierta ficción o, de manera paradójica, por los titulares de las monstruosidades más noticiables, como la de los abusos sexuales intrafamiliares, que en realidad suponen la culminación de procesos largos y espantosos. Aquí no hay escapatoria. O, mejor dicho, sí la hay, pero no por la puerta de atrás de cualquier truco literario más o menos resultón. Y la hay porque el propio testimonio de su autor, hoy padre de dos niñas, arroja la luminosa certeza de que él encontró la fuga, el aire, la vida.

Si quieran saber cómo lo hizo, darán con algunas pistas en sus anteriores novelas. Después de todo, quizás hoy somos algo mejores.

Maltratar al resto de homínidos es maltratar nuestra humanidad

  • Catorce años después de que el Gobierno de Zapatero ignorara una Proposición no de Ley aprobada por el Parlamento, seguimos sin una norma que cumpla con el proyecto Gran Simio y prohíba el cautiverio y maltrato al resto de homínidos.

Orangutan Rocky[Publicado originalmente en elDiario.es]. Hace media vida comencé a cursar Periodismo en la Universidad Complutense de Madrid pero, sobre todo durante el primer año, me saltaba algunas clases. Con la persona con la que salía por entonces asistía a las numerosas ofertas culturales y de todo tipo que siempre ofrecía la ciudad. En una de aquellas mañanas se nos ocurrió visitar el zoo de Madrid, una experiencia que estaba ligada, como la de tanta otra gente, a la infancia. Terminé completamente traumatizado, y nunca más he pisado ningún otro zoológico.

Nunca he olvidado a una pareja de orangutanes, hembra y macho, si no recuerdo mal, cada uno en su celda acristalada, situada en un pabellón cerrado. Las celdas estaban separadas por un tabique, también de cristal, que no llegaba hasta el suelo. Uno de los orangutanes me miró a los ojos, con una expresión absolutamente desolada, sin duda con plena conciencia de su estado de encierro, de que su vida consistía en eso, en estar expuesto a través de una cristalera para que otros simios no tan diferentes a él le contemplaran en su calvario, en su existencia reducida a unos pocos metros cuadrados. En un momento dado, el orangután metió la mano hasta la otra celda por el hueco de ese tabique de vidrio que no llegaba hasta el suelo, y su compañero se la estrechó. Así, cogidos de la mano, nos miraron durante unos segundos insoportables. Fue la culminación de un periplo que nos había dejado algunas otras estampas nada memorables.

El sufrimiento de los orangutanes por la privación de libertad y la falta de contacto con sus similares es prácticamente igual que el nuestro en situaciones idénticas

He recordado todo ello porque en estos meses ha arrancado su recorrido, primeramente por festivales, el documental Persona (no) humana, de Álex Cuéllar y Rafa G. Sánchez, sobre el caso de la orangutana Sandra, a la que la justicia argentina liberó de su cautiverio en un zoo y le reconoció derechos de persona no humana. La sentencia daba por sentado lo mismo que yo había comprobado hace un cuarto de siglo en el zoo de Madrid: que el sufrimiento de los orangutanes por la privación de libertad y la falta de contacto con sus similares es prácticamente igual que el nuestro en situaciones idénticas. Varias décadas de aportes filosóficos y científicos así lo demostraban. Por tanto, que en España apenas se esté haciendo nada para evitar estas aberraciones nos deja en un lugar nefasto.

Paula Casal, especialista en filosofía del derecho y autora, junto al renombrado Peter Singer, del libro Los derechos de los simios, cuenta en este artículo cómo en la época de Zapatero se aprobó una Proposición No de Ley en este sentido que el presidente ni siquiera ratificó. Por su parte, el Gobierno actual tiene comprometida una Ley de Grandes Simios. ¿Se hará algo en lo que queda de legislatura? De momento no lo parece, hasta el punto de que en España ni siquiera es ilegal la tenencia de homínidos. Y es que de eso se trata, al fin y al cabo: como explica Casal, hace tiempo que la ciencia nos ha reclasificado a todos los simios como homínidos. En palabras de José Luis Arsuaga, que participa en el documental Persona (no) humana, no es que vengamos del mono, “es que somos monos”.

Hace tiempo que la ciencia nos ha reclasificado a todos los simios como homínidos. En palabras de José Luis Arsuaga, que participa en el documental Persona (no) humana, no es que vengamos del mono, «es que somos monos»

Han pasado treinta años desde que la sociedad civil, a partir del estudio de Paola Cavalieri y Peter Singer, impulsara el Proyecto Gran Simio. Sin embargo, catorce años después de aquella Proposición No de Ley aprobada, sigue sin validarse un texto que establecía cuestiones tan básicas como “la prohibición expresa de la experimentación o la investigación cuando se cause daño a los simios y no redunde en su beneficio”. El Ministerio de Derechos Sociales y Agenda 2030, ahora que por fin contamos con una Dirección General de Derechos de los Animales, tiene que entender que esto no es postergable, que no es negociable seguir justificando el maltrato salvaje a los otros primates, a los otros homínidos.

Seguro que ustedes también están de acuerdo, así que les sugiero un primer paso muy sencillo: firmar esta petición.