La hora de la ciencia… social

  • La crisis actual de la Covid19 exige la competencia de un amplio abanico de las ciencias sociales y las humanidades: sociología, ciencias políticas, psicología, filosofía, docencia, economía, creación… Se trata de pensar en colectivo, y esta es una ocasión histórica para que nuestros periódicos, nuestros informativos, retomen esa función que una vez tuvieron.

Si hay un estamento al que se ha prestado especial atención desde que comenzó la pandemia es, como resulta lógico, el científico. No podía ser de otro modo, y menos en esta época de redes sociales convertidas en coladeros de bulos, cuanto más disparatados más virales (¿han leído ya eso de que las PCR son simples anzuelos para que nos metan por la nariz un bastoncillo portador del virus?). No obstante, vivimos una época de ansiedad generalizada, de incertidumbre extrema y precariedad aguda. Y eso precipita todo, especialmente los titulares de prensa, que responden a ese afán comprensible por saber algo, lo que sea, cuanto antes, ya. Queremos respuestas, de manera inmediata. Y entonces recurrimos a los científicos, de pronto convertidos en algo así como oráculos, en lugar de profesionales pillados por sorpresa, desconcertados por un virus del que hace unos meses ignoraban todo y acerca del que ahora deben conocer hasta el último detalle, aunque sus condiciones laborales sean, en el caso español, igual de nefastas que antes.

Las mascarillas no eran necesarias, ahora hay que llevarlas hasta en el campo; los niños eran “vectores de contagios”, luego apenas tenían capacidad de contagiar a nadie y ahora vuelven a ser supercontagiadores. Los males estomacales podían ser un síntoma de la Covid-19, ahora es la conjuntivitis, o los eczemas, mientras que un tercio de los afectados no padece síntomas, pero contagia, o no, y la cuarentena debía alargarse dos semanas, aunque mejor diez días. El aire no era elemento de transmisión, ahora sí, etc. Y todo ello, a veces, lo hemos sabido y dejado de saber en el mismo día, dependiendo del diario que uno leyera. Tu pareja podía tener una información radicalmente opuesta a la tuya… Y ambos la habíais leído en un medio respetable. Seguir leyendo “La hora de la ciencia… social”