ABANDONEMOS EL PAÍS DEL MIEDO

Los protagonistas de El país del miedo (eldiario.es)
Los protagonistas de El país del miedo (eldiario.es)

[Comuna publicada originalmente en eldiario.es]

El País del miedo es el título de una de las novelas de Isaac Rosa, que ahora acaba de adaptar y dirigir para la pantalla el productor Francisco Espada. Ambos, aprovechando el estreno de la película en el Festival de Cine de Málaga, celebraron un coloquio público en La Casa Invisible la pasada semana, que tuve el privilegio de moderar.

El miedo, sabíamos después de la novela de Rosa, es una construcción: en buena medida nuestros temores cotidianos atienden a relatos, casi ficciones, que poco tienen que ver con la realidad. Después del 11-S nos construyeron el temor a los ataques suicidas en aviones de pasajeros, luego a la figura del musulmán terrorista, últimamente a la del inmigrante que salta una valla con aviesas intenciones: quitarnos el trabajo, contagiarnos de ébola, atracarnos en calles, etc. Pero el miedo, dijeron Rosa y Espada, no es solo una construcción, es también un aprendizaje. Nos enseñan y aprendemos a temer aquello que conviene a los productores del miedo, por mucho que después la realidad desmienta con datos: el trabajo nos lo quitan los recortes, el ébola tuvo DNI español y el último gran ladrón dirigía Bankia para que nos robaran en las sucursales de cada pueblo y ciudad.

Un barómetro del CIS, leo en el programa de Málaga Ahora, ha mostrado que tan solo el 0,6% de la población malagueña considera la inseguridad ciudadana como primer problema. Evidentemente, perder la vivienda o el puesto de trabajo se sitúan muy por delante. A pesar de ello, en el año 2013 el Ayuntamiento de esta ciudad, como el de tantas otras, aprobó una Ordenanza Cívica que abordaba desde una óptica meramente represiva aquellos problemas que los poderes han decidido, han construido y nos han hecho aprender como generadores de miedo. Los agentes de esos miedos serían las personas sin hogar, los vendedores ambulantes y, por supuesto, las prostitutas -que no sus clientes, entre quienes sin duda se encuentran los mismos redactores de esas ordenanzas.

A una mujer, por ejemplo, le da miedo volver a casa sola por la noche, no un vendedor ambulante, y que la puedan acosar o que incluso la violen y un juzgado vea eximientes en el caso de que se trate de un prostituta. A un joven de mi ciudad le da miedo seguir engrosando ese 50% de gente de su edad en paro, sin expectativas, sin saber cómo llegar a fin de mes. A una familia al borde del desahucio le crea ansiedad la certeza de que su ayuntamiento no ha querido crear un parque de viviendas sociales en régimen de alquiler social, por ejemplo, y que mañana dormirá en la calle. Es realmente alarmante el aumento en los últimos años de diagnósticos por depresiones y otros malestares relacionados con la incertidumbre: el miedo a qué será de mí mañana.

Sueldos irrisorios, merma de derechos básicos, servicios esenciales en proceso de privatización, feroces leyes y ordenanzas para unos cuantos pero impunidad para los de arriba -donde la izquierda y la derecha, por cierto, cohabitan promiscuamente-, guerra de pobres contra pobres por las ayudas y subvenciones míseras… la crisis es la ausencia de futuro. Se acabó el bienestar. Y eso asusta y nos vuelve vulnerables, receptivos a cualquier político de turno que use el miedo para convencer.

Salir del miedo no es una labor que pueda abanderar nadie. No es una cuestión de “cambio sensato” ni otras zarandajas que agitan los ultraliberales de Ciudadanos y repiten los medios de comunicación que con mayor eficacia han generado el miedo en la última década. Salir del miedo es una labor colectiva: las plazas, Juventud Sin Futuro, las mareas, la PAH, los centros sociales, las iniciativas vecinales, el 15MpaRato, la onda municipalista de nuevo cuño, etc. Salir del miedo es, sobre todo, que cambie de bando. A eso, Ada Colau lo ha llamado revolución democrática.

Es más fácil de aprender que el miedo. Seguro.

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