Algunas ideas para terminar de extinguirnos

[Publicado originalmente en elDiario.es]. Nos extinguiremos como especie, seguramente antes de lo que hoy podemos imaginar, y en el pico más alto de la remota isla que haya sobrevivido a la desertificación del planeta y la subida del nivel del mar, el “emprendedor” de turno intentará convencer a los últimos humanos de que la iniciativa privada, el esfuerzo, la meritocracia y la privatización del bosque de al lado nos podrán salvar.

En medio de una crisis climática como nunca habíamos conocido, una pandemia que reparte millones de muertos por todo el planeta, una debacle económica y social en ciernes, solo los más indecentes se empecinan en vender que el capitalismo nos sacará de ésta. Sobreviviremos, a pesar de la Unión Europea y su gestión mercantil de la crisis, de nuestros gobiernos municipales, autonómicos y estatales, incapaces de imaginar una solución que no pase por poner parches temporales. Sobreviviremos, a pesar de tantos medios de comunicación, casi indistinguibles en su discurso de fondo. Sobreviviremos, a pesar de nuestro sistema educativo, cada vez más orientado al mercado laboral y alejado de las humanidades. Sobreviviremos, porque no habríamos llegado hasta aquí si por debajo de todo el control que los poderes imponen a nuestras vidas no hubiéramos establecido, desde tiempos inmemoriales, mecanismos de cooperación. Sobreviviremos, sí, pero el daño será irreparable y la herida nunca cicatrizará si aún tenemos que oír que este es el mejor de los sistemas posibles.

Sobreviviremos porque no habríamos llegado hasta aquí si por debajo de todo el control que los poderes imponen no hubiéramos establecido, desde tiempos inmemoriales, mecanismos de cooperación. Sobreviviremos, sí, pero el daño será irreparable

Que nuestra vida, incluso en sentido meramente biológico, se había convertido en una mercancía más era algo sabido, pero solo hasta este año no hemos conocido cuál era exactamente el precio que le ponían. Lo publicó la Unión Europea en ese famoso pdf con tachones que cualquiera podía eliminar en el ordenador de su casa. Es el documento de la vergüenza, sí, pero a la vez la quintaesencia del capitalismo. No se trata solo de que nos hayamos enterado de qué precio exacto y desorbitado paga la Unión por las vacunas de una farmacéutica tan mafiosa como el resto, y que por añadidura recibe constantes inyecciones de dinero público y los habituales tratos de favor. Además, Europa se ha mostrado firme en su resolución de no liberar la patente de ninguna vacuna, de impedir así que cualquier laboratorio de cualquier país las pueda fabricar y salvar a sus habitantes. Es el mercado, amigos. De nada sirve ahora tirarse de los pelos, con incomparable hipocresía, como han hecho los dirigentes europeos, porque haya sospechas fundadas de que la farmacéutica en cuestión esté vendiendo las vacunas comprometidas a Israel. Al fin y al cabo el sionismo paga el triple por ellas. ¿Y no se trataba de eso? ¿De sálvese quien pueda, de no liberar patentes, de que el mercado se “autorregule”?

Andorra somos todos

Ahora, de pronto, marcharse a Andorra para no pagar impuestos, justo cuando más los necesitamos, es un acto de imperdonable traición. ¿Pero la cosa no iba del hombre (casi siempre hombre) hecho a sí mismo? Los youtubers evasores son alumnos aventajados de nuestro sistema social, económico y educativo. Tanto como quienes firman los acuerdos con las farmacéuticas e impiden que las vacunas lleguen a los países más desfavorecidos. A unos les damos puestos en los gobiernos, a otros les atizamos en las columnas de opinión. Pero son distintas caras de la misma moneda capitalista. De hecho, la Unión acaba de anunciar que ni en esta crisis se plantea cancelar la deuda de los Estados, toda una lección.

Nuestra sanidad pública se asfixia, pero en Comunidades como Madrid se ha decidido tratar a los sanitarios como basura reciclable, mientras que en Andalucía se gastan millones en derivar pacientes a la sanidad privada. Vale, luego aplaudimos y listo. En España El PIB se hunde, el paro se dispara, la pobreza supera su propio récord, inconcebible en otros países de nuestro entorno, pero el gobierno levanta más y más barreras burocráticas para que unos pocos miles pueden obtener las migajas del Ingreso Mínimo Vital. Ya puestos, de paso congela la subida del salario mínimo. ¿De verdad hacer falta una situación aún más dramática que esta para que de una vez por todas tengamos una renta básica universal? ¿De verdad ni en un desastre como este vamos a garantizar la mínima supervivencia económica de la población? ¿Aún vamos a vender el cuento, con el país paralizado, del emprendimiento, el empleo o la igualdad de oportunidades? ¿De verdad vamos a seguir manteniendo una maquinaria obsoleta y costosa para diseñar laberintos burocráticos, en absoluto rentables, con tal de no inyectar unos pocos cientos de euros al mes en las cuentas de una ciudadanía ahogada?

 

Quizás haga falta que se nos sigan muriendo los mayores, los enfermos de cáncer a quienes no pueden atender en los hospitales colpasados. Quizás haga falta que continuemos sin encontrarnos con nuestras familias porque nos han cerrado la movilidad.

Quizás hagan falta nuevos temporales como los de inicio de año, o mantener el ritmo de deforestación que está causando el salto de enfermedades animales a los humanos, igual que ocurre con la actual pandemia. Quizás haga falta un nuevo encierro, con nuestros hijos conectados a las pantallas para aprender en un curso solo la mitad de lo que deberían. Quizás haga falta que se nos sigan muriendo los mayores, los enfermos de cáncer a quienes no pueden atender en los hospitales al borde del colapso. Quizás haga falta que continuemos sin encontrarnos con nuestras familias porque nos han cerrado la movilidad entre territorios.

Hemos creado un sistema tan deshumanizado, tan falto de empatía, de solidaridad, de amor, afecto y cuidados, tan depredador con el propio planeta, que todo lo que sea no dar un volantazo radical, que todo lo que signifique una mínima defensa de sus supuestas virtudes, equivale a estar en guerra contra la propia humanidad. Aunque sea en los picos de una remota isla.

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