Querido Antonio Banderas:

Foto: El País.

[Publicado originalmente en eldiario.es]. Quién me iba a decir que las dos últimas tribunas que publico en este medio iban a girar, de un modo u otro, en torno a ti. Hoy quiero expresarte mi completa solidaridad, pues creo que con toda justicia te has quejado amargamente del «trato humillante» que una ciudad tan desagradecida como Málaga te ha dirigido. Por fortuna, esa ciudad desagradecida te ha permitido expresar tu descontento en primera plana del principal de sus diarios, así que la cosa no está del todo perdida. Todo ello a cuenta de que los grupos municipales de la oposición, esos advenedizos, han conseguido que el Pleno de la ciudad tome una medida ridícula, que en democracia ni siquiera haría falta: pedir que se cumpla la ley. Semejante atrevimiento se debe a que está previsto que se redacte en breve el pliego de condiciones para licitar los proyectos destinados al futuro del cine Astoria, un edifico en ruina, por la desidia municipal. Se eleva en nuestra emblemática plaza del La Merced, a dos pasos del ático en que vives y que, gracias a tu generosidad y a la del mismo diario que te hace de cartero, todas y todos los malagueños hemos disfrutado en vídeo.

Yo entiendo tu enfado, en efecto, porque el proyecto que tú firmabas con el arquitecto José Seguí, y que había ganado un concurso de ideas organizado por el Ayuntamiento, se saltaba a la torera, por ponernos castizos, que es lo suyo, la legislación más elemental, y lo mismo no lo sabías. El Pleno municipal de los advenedizos ha tenido que exigir que cualquier proyecto aporte avales y pague un canon para restituir la inversión de 21 millones de euros del Ayuntamiento, que es lo que le costó hacerse con el edificio. La Junta, por si fuera poco, ha tenido que meter baza, en lugar de estar calladita, y recordar que es completamente ilegal construir en un centro histórico un edifico de las enormes dimensiones que planeabas. Pero bueno, todas sabemos que nada de esto habría sucedido si el alcalde no hubiera dado a entender en una desafortunada rueda de prensa, propia de cuando no tenía advenedizos enfrente, que su intención era diseñar un pliego de condiciones a tu medida. Seguir leyendo “Querido Antonio Banderas:”

Cómo me convertí en vecino de Antonio Banderas: la gentrificación en primera persona

Fotomontaje: Marta Caballero

[Publicado originalmente en eldiario.es]. Durante las últimas semanas he estado trabajando con algunas y algunos compañeros en un análisis sobre la gentrificación y la «turistificación» en Málaga. Hemos elaborado un largo informe, plagado de datos demoledores, que muestran la brutal transformación del centro histórico de Málaga y sus devastadores efectos: la población de la almendra histórica, la zona en el interior de la antigua muralla, se ha reducido a poco menos de 5.000 habitantes, por ejemplo, ya que el resto ha sido expulsado para convertir el área en una atracción turística de bares, terrazas, hoteles, alojamientos transitorios, museos, tiendas de souvenires, etc.

Solo recientemente, en el marco de unas jornadas sobre arte, industria cultural y derecho a la ciudad, celebradas durante el décimo aniversario de la Casa Invisible de Málaga, caí en la cuenta, tras una conversación informal con algunos asistentes de otras capitales, de que mi experiencia personal ejemplificaba perfectamente este tipo de procesos.

En el año 2012 alquilé un apartamento en un edificio al borde de la ruina en la calle Alcazabilla, hoy epicentro del terremoto gentrificador de Málaga. Lo mismo que yo hicieron otros amigos, de modo que, excepto uno de los apartamentos, todo el edificio quedó habitado por lo que podríamos llamar una comunidad, siguiendo una pauta que ya habíamos ensayado anteriormente en otro enclave arrasado: la plaza de Los Mártires. No pudimos alquilar ninguno de los apartamentos hasta que la propiedad realizó una serie de reformas muy superficiales, lo justo para mantenerlos habitables y cobrarnos un precio de alquiler que hoy resultaría sorprendentemente económico: lo único que nos podíamos permitir. Seguir leyendo “Cómo me convertí en vecino de Antonio Banderas: la gentrificación en primera persona”