Querido Antonio Banderas:

Foto: El País.

[Publicado originalmente en eldiario.es]. Quién me iba a decir que las dos últimas tribunas que publico en este medio iban a girar, de un modo u otro, en torno a ti. Hoy quiero expresarte mi completa solidaridad, pues creo que con toda justicia te has quejado amargamente del «trato humillante» que una ciudad tan desagradecida como Málaga te ha dirigido. Por fortuna, esa ciudad desagradecida te ha permitido expresar tu descontento en primera plana del principal de sus diarios, así que la cosa no está del todo perdida. Todo ello a cuenta de que los grupos municipales de la oposición, esos advenedizos, han conseguido que el Pleno de la ciudad tome una medida ridícula, que en democracia ni siquiera haría falta: pedir que se cumpla la ley. Semejante atrevimiento se debe a que está previsto que se redacte en breve el pliego de condiciones para licitar los proyectos destinados al futuro del cine Astoria, un edifico en ruina, por la desidia municipal. Se eleva en nuestra emblemática plaza del La Merced, a dos pasos del ático en que vives y que, gracias a tu generosidad y a la del mismo diario que te hace de cartero, todas y todos los malagueños hemos disfrutado en vídeo.

Yo entiendo tu enfado, en efecto, porque el proyecto que tú firmabas con el arquitecto José Seguí, y que había ganado un concurso de ideas organizado por el Ayuntamiento, se saltaba a la torera, por ponernos castizos, que es lo suyo, la legislación más elemental, y lo mismo no lo sabías. El Pleno municipal de los advenedizos ha tenido que exigir que cualquier proyecto aporte avales y pague un canon para restituir la inversión de 21 millones de euros del Ayuntamiento, que es lo que le costó hacerse con el edificio. La Junta, por si fuera poco, ha tenido que meter baza, en lugar de estar calladita, y recordar que es completamente ilegal construir en un centro histórico un edifico de las enormes dimensiones que planeabas. Pero bueno, todas sabemos que nada de esto habría sucedido si el alcalde no hubiera dado a entender en una desafortunada rueda de prensa, propia de cuando no tenía advenedizos enfrente, que su intención era diseñar un pliego de condiciones a tu medida.

Por eso entiendo tu enfado, y me parece justo. Como tú mismo reconoces en tu carta, la mayor parte de tus cuarenta años de carrera artística la has desarrollado en el extranjero (¡en Hollywood, ni más ni menos!). En la época en la que te fuiste a llevar el nombre de Málaga por las Américas, ciertamente los proyectos urbanísticos de la ciudad no requerían más avales que el de despertar la simpatía de Francisco de la Torre: lo acabamos de ver con el cierre de la Comisión de Investigación sobre Art Natura (cerca de 40 millones tirados a la basura en la antigua Tabacalera porque no se exigió ningún aval al promotor, que le caía muy bien a Paco), en Hoyo de Esparteros (con una promotora que aún adeuda 7 millones y ha dejado una hipoteca para un hotel que finalmente no se construirá, por lo mismo), el Mercado Gourmet de La Merced, tan parecido a parte de tu proyecto (que tras dejar sin mercado de abastos al vecindario del Centro en que habitas va a cerrar después de un año y medio, y de nuevo con una hipoteca que asumirá el erario público). Sí, esa era la Málaga de De la Torre, el hombre que sin más ayuda que sus palmaditas en la espalda ha destruido desde que asumió el poder 200 edificios históricos del Centro, récord nacional, y probablemente europeo.

Por eso entiendo que te sientas humillado: nadie te había advertido de que desde 2015 Málaga ya no es el cortijo de De la Torre, que ya no cierra tratos con esas palmaditas en la espalda ni siempre consigue pasa por alto los mínimos requisitos legales. No, Málaga ya no es ese cortijo, si bien tampoco uno de esos corralones que tanto desprecias en tu carta (¡Ay, Hollywood!).

Nadie merece un trato como el que se te ha prodigado, por mucho que los grupos de la oposición hayan sido escrupulosamente respetuosos contigo (no así con el alcalde), y aún menos si se trata de una persona, como bien recuerdas en tu carta, de tu influencia y prestigio. Por cierto, no estaría de más que hicieras valer ese prestigio e influencia para que la cofradía a la que perteneces aclarara ya si los dos jóvenes xenófobos y racistas que en abril asesinaron al joven Pablo a las puertas de un pub pertenecen a sus filas. Pero es solo una idea.

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