Cofradías: que baje dios y lo vea

En el último monográfico de Gente Corriente (titulado Omnia sunt communia: para todas todo) firmo dos artículos: uno sobre Limasa (en este enlace), la empresa de limpieza de Málaga, y este otro sobre el dinero público que el Ayuntamiento de la ciudad destina a las cofradías:

En noviembre de 2017 un pleno extraordinario del Ayuntamiento de Málaga aprobaba una modificación presupuestaria, con los votos del PP y el apoyo entusiasta de su apéndice naranja, que contenía una partida de 229.000 euros para 21 cofradías. Esa cantidad se repartía desde los 7.000 euros a la de El Huerto para unas bambalinas laterales del palio del trono de la Virgen, a los 17.000 euros de la Expiración (para la restauración del suelo del salón de tronos) y la Esperanza (restauración de túnicas), pasando por 16.000 a la cofradía de Zamarrilla (realización de un grupo escultórico) y la del Rico (14.000 euros para reformar su museo y las vitrinas) o El Cautivo (8.000 euros para renovar los uniformes de la banda musical). ¿Parece esto excesivo? Pues en julio del mismo año ya se habían aprobado otros 115.000 euros para ayudas similares.

Por tanto, en un solo año se han entregado a las cofradías unos 345.000 euros, a los que hay que sumar las constantes concesiones de parcelas y locales o edificios municipales, por no mencionar los cambios arquitectónicos en nuestras plazas y calles para franquear el paso a los tronos, lo que acaba por configurar una suerte de «urbanismo cofrade». Esto es, la configuración del espacio público en función de intereses privados y religiosos. A este respecto, podemos recordar a vuelapluma la tala de cipreses centenarios en la plaza de San Francisco (que el vecindario impidió que fuera a más) o la pérdida de la subvención europea para remodelar la plaza de Camas, ya que el proyecto original dificultaba la salida de procesiones, lo que finalmente nos ha costado alrededor de un millón y medio de euros del erario municipal. La plaza de Camas, como se sabe, es la misma en la que el Ayuntamiento ha cedido a la cofradía de las Fusionadas (sí, la de Antonio Banderas) una parcela valorada en 750.000 euros para la construcción de su casa de hermandad, mientras ha sido incapaz de instalar toldos contra el sol, debido a la falta de arbolado, en la pequeña zona infantil, como se ha reclamado en repetidas ocasiones. Seguir leyendo “Cofradías: que baje dios y lo vea”

El Régimen del 78 barre unido bajo la alfombra

barrer_opt[Publicado originalmente en eldiario.es]. Hay una particularidad del sistema político español que, sobre todo en sus dos últimos libros (Por qué fracasó la democracia en España y La política en el ocaso de la clase media) señala Emmanuel Rodríguez: las élites de nuestro país no han sabido crear organismos de reproducción, al estilo de las Écoles Normales francesas, o en el Reino Unido de la London School of Economics y «Oxbridge», eficaces dispositivos para la preservación del régimen, como, por cierto, analiza Owen Jones en The Establishment. Así, el pacto por arriba y la domesticación social que fue la Transición no logró liquidar, antes al contrario, un sistema en manos de unas pocas familias, cuyos apellidos se repiten cansinamente en las últimas décadas.

Depredar los recursos públicos ha resultado de este modo una práctica bien sencilla, toda vez que los gestores de los grandes Ayuntamientos no eran sino meras extensiones de las empresas que, en especial durante los años de la especulación urbanística, consiguieron elevar los índices económicos a nuestras mayores cotas. Ni siquiera en los ejercicios inmediatamente anteriores a la crisis de 2008 esos índices se tradujeron en un aumento de salarios ni en mayor inversión en servicios como la educación o la sanidad, siempre muy por debajo de la media de nuestro entorno. Luego, esos mismos depredadores se encontraron con que tenían menos que repartirse, y en buena medida, como expone Rodríguez, se dedicaron a traicionarse unos a otros mediante un sinfín de filtraciones que hoy atestan nuestras Fiscalías.

Desde hace unos años, sobre todo desde que Podemos y las candidaturas municipalistas se centraran en el asalto institucional que el 15M había reconocido como techo de cristal, el mantra de la «regeneración» ha subyacido a toda acción política. A nadie se le escapa que esa regeneración nunca llegará de la mano de los dos grandes partidos, PP y PSOE, ni desde luego de su comodín naranja, como tampoco del viejo PCE, con las siglas de IU o las que invente para recoger un imaginario social al que es del todo ajeno. En Málaga lo acabamos de ver de una manera vergonzosa.

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