DE NOCHE ANDAMOS EN CÍRCULOS (DANIEL ALARCÓN. ED. SEIX BARRAL, 2014)

alarconDe Daniel Alarcón había leído uno El rey está siempre por encima del pueblo, un extraordinario conjunto de relatos publicado en España por Alfaguara. De aquella lectura salí tan entusiasmado que en cuanto me topé en la mesa de novedades con esta novela, ahora en Seix Barral, me la llevé sin pensarlo. Solo puedo decir que mi idilio con este autor continúa.

Alarcón, hijo de peruanos emigrados a Estados Unidos, escribe en inglés, lengua en la que, según confiesa, se expresa mucho mejor que en español, pese a que su mundo literario gira en numerosas ocasiones en torno a su Perú natal. Tiene la suerte, además, de que le traduce su amigo Jorge Cornejo, con quien trabaja minuciosamente desde hace años y que sin duda realiza una acertadísima labor. La sonoridad de cada una de las frases de esta novela, su cadencia, su manera de arrastrarte de una a otra, la hipnótica corriente que circula de página a página es, sencillamente, perfecta. Hace algunos años, el Hay Festival Bogotá39 y la revista Granta, entre otros, ya alentaron del potencial de ese joven autor. Hoy día no tiene ningún sentido seguir hablando de una promesa: Alarcón es un autor consolidado, dueño de un universo propio y unas dotes sobresalientes al servicio de una obra ya madura de por sí.

De noche andamos en círculos es la indagación de un narrador, oculto tras una falsa tercera persona, sobre la figura del joven y poliédrico Nelson. El reto parece evidente: ¿cómo reconstruir unos hechos detalladamente, pero al mismo tiempo de manera fluida, acompasada, sin precipitaciones ni puntos muertos, sabiendo guiar al lector por un entramado complejo sin que desfallezca la narración, sin que se adelante el desenlace pero sin perder interés en avanzar más y más? Desde el inicio descubrimos que el narrador, y con él Alarcón, saben lo que quieren contar, que cada pasaje cumple una función, que nada es superfluo, que el lector aún desconoce pero que no se pueden precipitar. De noche andamos en círculos mantiene el pulso, te agarra, te impide abandonar la lectura, antes al contrario: hay momentos gozosos en que a uno le dan ganas de soltar el libro y exclamar de admiración.

Tememos, desconfiados, la aparición de algún giro artificioso, algunas páginas superfluas, alguna prosa demasiado florida solo por exhibicionismo. En definitiva, tememos vicios de joven promesa, pero ya hemos dicho que Alarcón es un autor consolidado.

De esa manera, vamos adentrándonos en un mundo de claroscuros, el de la subjetividad de Nelson, un joven obsesionado desde la infancia con Diciembre, una compañía de teatro mítica y cuyo dramaturgo y director fue encarcelado por la dictadura de su país, tras una crudelísima guerra civil. Quince años después, la compañía se rehace para emprender una peculiar gira por los pueblos más recónditos del país y representar la obra que, precisamente, había conducido a su autor a la cárcel. Nelson, ahora convertido en aspirante a actor, es elegido para participar en el montaje.

La vida es también el escenario en el que se representa la tragedia de los integrantes de la obra, y en ella está en juego el drama personal de cada uno de ellos, su historia familiar, su entorno más cercano, su contexto social y político, sus anhelos, sus frustraciones, su doblez moral, sus enterezas y sus flaquezas. Y sobre todo, sus errores.

Si es cierto que en la vida nunca llegamos a conocer del todo a nadie, ni desde luego la verdadera dimensión de los motivos que pueden conducir a tomar algunas decisiones, no menos cierto es que el intento de comprensión de un enigma es ya parte de su solución… Al menos si está bien contado. Y aquí, el breve período de la vida de Nelson sobre el que se indaga, lo está.

Alarcón no cae en una narración de tipo periodístico, por mucho que se sustente en testimonios, tampoco en una recreación demasiado fabulosa a través de ellos, menos en licencias literarias que harían trastabillar el carácter de investigación de la novela. Y ese es quizás el mayor acierto: construir un falso relato informativo, recoger sin apegarse a la literalidad una buena porción de entrevistas, especular sin desvíos, transmitir vida, complejidad, pero también sencillez, retratar por tanto a tipos humanos en la épica de las situaciones cotidianas.

Dicho de otra manera: literatura.

[Publicado originalmente en Hermano Cerdo y en el n.º 111 de Clarín, revista de nueva literatura]

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