‘Vengo de ese miedo’: poner cuerpo y voz al horror de la violencia infantil

  • portada_vengo-de-ese-miedo_miguel-angel-oeste_202207111619 (1)El relato de supervivencia del malagueño Miguel Ángel Oeste sobre el maltrato al que le sometieron sus padres, a la postre un retrato de época, me dejó, por primera vez en mi vida, sin palabras después de terminar un libro.

[Publicado originalmente en elDiario.es]. A lo largo de 300 páginas Miguel Ángel Oeste quiere matar a su padre, un mantra que repite una y otra vez, para desconcierto inicial del lector, en el relato autobiográfico Vengo de ese de miedo (Tusquets). Cuando uno concluye esta lectura se pregunta: “¿Por qué no lo has matado?”. O aún peor: “¿Por qué no te mataste tú, cómo conseguiste sobrevivir a las palizas, abusos, humillaciones y vejaciones a los que desde niño te sometió de manera constante tu padre?”. Y tu madre. De hecho, este estremecedor libro arranca con la muerte de ella, a cuyo entierro Oeste (que se ha inventado su apellido para eludir la huella del horror) ni siquiera asistió.

Nunca antes me había ocurrido que al cerrar un libro me quedara sin palabras para describirlo. Siempre encuentro el modo inmediato de transmitir mi descontento o mi entusiasmo después de una lectura. Vengo de ese miedo me dejó tan conmocionado que las primeras palabras no llegaron sino al cabo de varios días. Por qué no lo mataste, Miguel Ángel, por qué no te mataste. Si es verdad el tópico de que un buen libro es aquel al que entras siendo uno y sales convertido en otra persona, solo puedo decir que yo ya no soy el mismo.

En medio de toda esa banalidad narcisista tan propia de la autoficción, un libro de memorias como este, si bien construido con las herramientas de la ficción, reúne algunas virtudes mayores. En primer lugar, porque, a pesar de las atrocidades que desvela, evita con maestría el tono victimista o incluso el escabroso exhibicionismo, males típicos en tantas narraciones confesionales. En segundo lugar, porque ni siquiera señala, juzga o culpa a quienes durante su calvario, y el de su hermano, miraron a otro lado. Y eso no es solo un posicionamiento ético, sino también una cuestión de pericia estilística, un dominio literario que, sin duda, eleva la calidad artística.

Como en toda buena literatura, la verdad se erige por encima de los hechos, y lo de menos es el carácter autobiográfico del libro porque a fin de cuentas trasciende su propia historia

Esta es, de hecho, una de las claves de Vengo de ese miedo. Sin complacencia, sin concesiones y rehuyendo cualquier escena fácilmente lacrimógena, Oeste ha compuesto un texto medido, siempre en equilibrio, que atraviesa al lector sin caer en la truculencia. A la postre, consigue algo que solo un verdadero narrador puede lograr: que la realidad no se confunda con el realismo, que por muy ciertos que sean los hechos expuestos no parezcan inverosímiles, un defecto harto común cuando leemos historias tan centradas en el mero acontecimiento que acaban perdiendo su verdad en favor del morbo.

Aquí ocurre lo contrario: como en toda buena literatura, la verdad se erige por encima de los hechos, y lo de menos es el carácter autobiográfico del libro porque a fin de cuentas trasciende su propia historia. Esto es así porque el libro se acaba convirtiendo en el retrato de una sociedad, de un país y una época concretos. Y, por supuesto, el de una generación que en numerosas ocasiones padeció desde el silencio una espeluznante experiencia que, si bien hoy deja traumatizados de por vida a tantos adultos, al menos se visibiliza. Incluso con leyes específicas. No era así hace cuarenta años. Entonces, sin siquiera protocolos escolares, una maestra podía pasar por alto que las calificaciones de un alumno aplicado se descalabraran estrepitosamente y sin causa aparente. El maltrato es también el silencio de quienes tienen poder para atajarlo. Y si no que pregunten a la jerarquía eclesiástica.

Oeste ha puesto carne, vísceras, dolor y angustia a la frialdad de la prosa jurídica, de las estadísticas, de la distancia creada por cierta ficción o, de manera paradójica, por los titulares de las monstruosidades más noticiables, como la de los abusos sexuales intrafamiliares, que en realidad suponen la culminación de procesos largos y espantosos. Aquí no hay escapatoria. O, mejor dicho, sí la hay, pero no por la puerta de atrás de cualquier truco literario más o menos resultón. Y la hay porque el propio testimonio de su autor, hoy padre de dos niñas, arroja la luminosa certeza de que él encontró la fuga, el aire, la vida.

Si quieran saber cómo lo hizo, darán con algunas pistas en sus anteriores novelas. Después de todo, quizás hoy somos algo mejores.

Maltratar al resto de homínidos es maltratar nuestra humanidad

  • Catorce años después de que el Gobierno de Zapatero ignorara una Proposición no de Ley aprobada por el Parlamento, seguimos sin una norma que cumpla con el proyecto Gran Simio y prohíba el cautiverio y maltrato al resto de homínidos.

Orangutan Rocky[Publicado originalmente en elDiario.es]. Hace media vida comencé a cursar Periodismo en la Universidad Complutense de Madrid pero, sobre todo durante el primer año, me saltaba algunas clases. Con la persona con la que salía por entonces asistía a las numerosas ofertas culturales y de todo tipo que siempre ofrecía la ciudad. En una de aquellas mañanas se nos ocurrió visitar el zoo de Madrid, una experiencia que estaba ligada, como la de tanta otra gente, a la infancia. Terminé completamente traumatizado, y nunca más he pisado ningún otro zoológico.

Nunca he olvidado a una pareja de orangutanes, hembra y macho, si no recuerdo mal, cada uno en su celda acristalada, situada en un pabellón cerrado. Las celdas estaban separadas por un tabique, también de cristal, que no llegaba hasta el suelo. Uno de los orangutanes me miró a los ojos, con una expresión absolutamente desolada, sin duda con plena conciencia de su estado de encierro, de que su vida consistía en eso, en estar expuesto a través de una cristalera para que otros simios no tan diferentes a él le contemplaran en su calvario, en su existencia reducida a unos pocos metros cuadrados. En un momento dado, el orangután metió la mano hasta la otra celda por el hueco de ese tabique de vidrio que no llegaba hasta el suelo, y su compañero se la estrechó. Así, cogidos de la mano, nos miraron durante unos segundos insoportables. Fue la culminación de un periplo que nos había dejado algunas otras estampas nada memorables.

El sufrimiento de los orangutanes por la privación de libertad y la falta de contacto con sus similares es prácticamente igual que el nuestro en situaciones idénticas

He recordado todo ello porque en estos meses ha arrancado su recorrido, primeramente por festivales, el documental Persona (no) humana, de Álex Cuéllar y Rafa G. Sánchez, sobre el caso de la orangutana Sandra, a la que la justicia argentina liberó de su cautiverio en un zoo y le reconoció derechos de persona no humana. La sentencia daba por sentado lo mismo que yo había comprobado hace un cuarto de siglo en el zoo de Madrid: que el sufrimiento de los orangutanes por la privación de libertad y la falta de contacto con sus similares es prácticamente igual que el nuestro en situaciones idénticas. Varias décadas de aportes filosóficos y científicos así lo demostraban. Por tanto, que en España apenas se esté haciendo nada para evitar estas aberraciones nos deja en un lugar nefasto.

Paula Casal, especialista en filosofía del derecho y autora, junto al renombrado Peter Singer, del libro Los derechos de los simios, cuenta en este artículo cómo en la época de Zapatero se aprobó una Proposición No de Ley en este sentido que el presidente ni siquiera ratificó. Por su parte, el Gobierno actual tiene comprometida una Ley de Grandes Simios. ¿Se hará algo en lo que queda de legislatura? De momento no lo parece, hasta el punto de que en España ni siquiera es ilegal la tenencia de homínidos. Y es que de eso se trata, al fin y al cabo: como explica Casal, hace tiempo que la ciencia nos ha reclasificado a todos los simios como homínidos. En palabras de José Luis Arsuaga, que participa en el documental Persona (no) humana, no es que vengamos del mono, “es que somos monos”.

Hace tiempo que la ciencia nos ha reclasificado a todos los simios como homínidos. En palabras de José Luis Arsuaga, que participa en el documental Persona (no) humana, no es que vengamos del mono, «es que somos monos»

Han pasado treinta años desde que la sociedad civil, a partir del estudio de Paola Cavalieri y Peter Singer, impulsara el Proyecto Gran Simio. Sin embargo, catorce años después de aquella Proposición No de Ley aprobada, sigue sin validarse un texto que establecía cuestiones tan básicas como “la prohibición expresa de la experimentación o la investigación cuando se cause daño a los simios y no redunde en su beneficio”. El Ministerio de Derechos Sociales y Agenda 2030, ahora que por fin contamos con una Dirección General de Derechos de los Animales, tiene que entender que esto no es postergable, que no es negociable seguir justificando el maltrato salvaje a los otros primates, a los otros homínidos.

Seguro que ustedes también están de acuerdo, así que les sugiero un primer paso muy sencillo: firmar esta petición.

España es Madrid o el debate de la nación como pleno municipal

  • Para Pedro Sánchez a todos nos tenía que resultar de vital interés los problemas de una barriada de Madrid, calcados a los de cualquier otra ciudad del país.

Congreso (1)[Publicado originalmente en elDiario.es.] Gracias al debate del Estado de la Nación ahora sabemos que aquello de que Madrid es España, ese delirio de Díaz Ayuso del que tanto nos reímos, lo comparte también el presidente del Gobierno. Cuarenta y cuatro millones de personas que en España no vivimos en Madrid capital nos pudimos enterar de que por allí tienen un problema con una promoción urbanística en una zona que llaman Campamento. Por muy calcado que ese problema sea a cualquier otro de cualquier otra ciudad, Pedro Sánchez consideró que ninguno más merecía el estatus de cuestión de estado, así que anunció en el debate de la nación que iba a desbloquear la operación urbanística.

A 44 millones de residentes en España se nos quedó la misma cara que si a los madrileños, y a casi todo el resto del país, les hubieran anunciado en el debate del Estado de la Nación que el consejo de ministros, por fin, paralizaba la tramitación para la torre del puerto, que ustedes no saben qué es. Para Pedro Sánchez, a todos nos tenían que resultar de vital interés los problemas de una barriada de Madrid, pero no, por ejemplo, que en un dique de Málaga se vaya a construir un rascacielos con gravísimos costes medioambientales para la bahía. Ese de la torre del puerto es un proyecto que ha despertado un enardecido rechazo popular en Málaga, y en última instancia su tramitación, como la de Campamento, depende del Gobierno central. Nadie en Málaga, ni en cualquier otra ciudad que no fuera Madrid, habría entendido que el debate de la nación se convirtiera en un pleno municipal.

Por si fuera poco, en su estrecha concepción de la nación, Sánchez también anunció la gratuidad para los trenes de cercanías y media distancia. ¿Saben qué provincia encabeza el ránking de ciudades con más de 50.000 habitantes sin tren? Málaga, sí, que por increíble que parezca no tiene conexión ferroviaria de su capital con ninguna de las otras tres ciudades más pobladas, Marbella, Mijas y Vélez-Málaga. De hecho, Andalucía, la Comunidad más poblada de todo el país, encabeza igualmente ese ránking autonómico, de modo que hubiera sido pertinente que el presidente explicara que igual esa medida de la gratuidad estaba principalmente destinada, otra vez, sí, a Madrid. De hecho, podría haber anunciado que por fin se cumplía la promesa de conectar esas ciudades por tren, algo que lleva décadas esperando un rimbombante desbloqueo como el de Campamento. Da igual; si se desbloqueara, nunca se anunciaría, con toda lógica, en un debate del Estado de la Nación.

De todas formas, lo más sonrojante fue que anunciara que iba a meter un impuesto especial a la banca y las eléctricas: especial porque solo va a durar dos años, como si el problema con sus beneficios indecentes fuera temporal

Se conoce que a Sánchez el problema con esa promoción urbanística le parece una cuestión de Estado más relevante que las vergonzosas muertes de Melilla, por las que su ministro Grande-Marlaska va a tener que dar explicaciones en Bruselas. Por supuesto, es mucho más relevante que su decisión de duplicar el presupuesto en armamento mientras España arde sin dotaciones suficientes de bomberos.

En el fondo, la batería de medidas que Sánchez anunció parecía más bien una pedrea con la que repartir miseria y recoger antes de que saliera el gordo. De lo contrario, en lugar de ese problema local de Madrid con algunas viviendas, nos habría explicado cómo iba a revertir el modelo especulativo que en España convierte la vivienda en un producto de mercado, y no en un bien social. También qué va a pasar con los inmuebles de la SAREB, con las subidas de las hipotecas, con la insuficiente ley de los alquileres, con la vivienda social, etc.

Del mismo modo, a la vez que anunciaba la gratuidad de los cercanías y medias distancias, hubiera estipulado el aumento de la frecuencia, como resultaba evidente. Además, por fin habría decretado que el AVE no puede tener precios para unos pocos, que se van a recuperar todas las líneas perdidas y a construir otras necesarias.

De todas formas, lo más sonrojante fue que anunciara que iba a meter un impuesto especial a la banca y las eléctricas: especial porque solo va a durar dos años, como si el problema con sus beneficios indecentes fuera temporal, y no estructural gracias a una legislación que sí supone, y de qué manera, una cuestión de Estado.

Al final, entre problemas que eran locales y otros estructurales que no abordaron, pareció que más que el debate del estado de la nación estábamos ante el debate del estado del gobierno. Y como sigan así va a ser igual que el impuesto especial: temporal.

Los machotes del fútbol

  • Hooligans_optSeguir soslayando la realidad de violencia, machismo y racismo que rodea al mundo del fútbol es agravar el problema, algo de lo que debería tomar nota el nuevo ministro de Cultura y Deporte.

Cada vez que la selección de Inglaterra pierda un partido aumenta las posibilidades de que una mujer se lleve una paliza. La cosa es tan grave que este domingo, cuando en la tanda de penaltis perdió la final de la Eurocopa, que además se celebraba en Londres, de inmediato se desató una campaña en redes para dar cobijo en domicilios particulares a las mujeres que se encontraran por la calle. No era para menos, una horda enfurecida tomó el centro de Londres, causó daños considerables y, por una vez, funcionando como un solo cuerpo, logró incluso amedrentar a la policía para así defender su derecho al vandalismo futbolero.

En realidad, la orgía vikinga había comenzado antes incluso del partido, cuando miles de hooligans entraron por la fuerza al estadio de Wembley. No hubo manera de contenerles. La furia del borracho futbolero puede con todo cuando tiene el Valhalla al alcance de su mano en forma de 11 contra 11. Luego, ya se sabe, esos hooligans blanquitos se deshicieron en insultos racistas a los futbolistas que fallaron los penaltis, porque su piel no era lo suficientemente pálida.

No son anécdotas. Ese es el ambiente que rodea al mundo del fútbol, por mucho que siempre se hable de algunos aficionados con comportamientos lamentables, varios hinchas indeseables, etc. No, para empezar son hombres, en la inmensa mayoría de los casos, y son miles, como vimos el domingo, que encuentran un cauce institucionalizado, y televisado, a sus instintos primarios. Aún recordamos, entre tantos episodios, aquel «Era una puta», cántico con el que cientos de seguidores del Betis apoyaron a un jugador acusado de maltratar a su expareja o el «Shakira es de todos», la pancarta con la que parte del graderío del Espanyol saludó a Piqué.

Los clubes no hacen casi nada por atajarlo. Aquí en Málaga, sin ir más lejos, se acaba de confirmar la condena a unos cuantos miembros del Frente Bokerón que asesinaron a un chaval a la salida de un pub; pero ni el Ayuntamiento de Málaga ni la Diputación, copropietarios del estadio La Rosaleda, exigieron al Málaga CF una limpieza entre su hinchada.

Seguir soslayando esa realidad cada vez que se habla de fútbol es agravar el problema. El fútbol, para desesperación de tantos (y tantas) aficionados cívicos, se ha convertido en la plataforma ideal, casi legitimadora, de la violencia masculina. No ayudan las tertulias televisivas, con esa puesta en escena tan anacrónica, de señoros de puro y copa, ni desde luego la tibieza de la UEFA con los derechos humanos, como quedó en evidencia con el rechazo a que el estadio de Múnich se iluminara con la bandera arcoíris. No ayuda, desde luego que no, la imagen aguerrida que, de manera tan ridícula, pero a la postre tan trágica, proyectan algunas de sus estrellas. No ayuda, en definitiva, que el fútbol siga pareciendo un deporte de tiarrones, comentado en los medios por esos señoros y jaleado en las gradas por delincuentes en potencia.

El mundo que rodea al fútbol se ha vuelto peligroso, y lo vemos a menudo incluso en las categorías inferiores, en los clubes infantiles y partidos amateurs. Nunca he conseguido disfrutar ese deporte, pero imagino que sus amantes lo deben estar pasando realmente mal, y en algún momento tendrán que decir basta. Para eso hace falta la implicación, incondicional y drástica, de tantos sectores… Puesto que directivos y muchos profesionales no parecen por la labor, sino más bien al contrario, estaría bien que fuera una prioridad en la agenda del nuevo ministro de Cultura y Deporte, al que más bien parece que le han tocado dos marías. Pero no es así. Debería ponerse de inmediato manos a la obra. Algo ha mencionado, a propósito de la homofobia y el deporte, en su discurso de toma de posesión. Para ello tiene que contar con el Ministerio de Justicia y el de Igualdad. Si no, el fútbol seguirá siendo ese espectáculo machista, violento y racista que poco tiene que ver con lo que pasa en el campo.

Esta Eurocopa lo ha vuelto a demostrar.

‘Lejana y rosa’: el pasado minero de Huelva como novela de aprendizaje

  • Rosario Izquierdo_optLa onubense Rosario Izquierdo firma una bellísima novela de iniciación personal que transcurre entre minas a cielo abierto, escorias, detonaciones constantes y los restos de la segregación impuesta por los británicos.

[Publicado originalmente en elDiario.es]. Seguramente la onubense Rosario Izquierdo ha escrito la gran novela sobre las minas de Riotinto porque Lejana y rosa, publicada por la editorial Comba, no es una novela sobre las minas de Riotinto. Para contar los detalles del expolio británico, de aquel colonialismo de última hora en suelo europeo, ya están los historiadores. La literatura es otra cosa. La literatura es, también, la mancha, la contaminación moral, social, la huella de ese episodio vergonzoso en la historia andaluza. La literatura es la vista puesta en ese paisaje desolado a través de varios prismas, y saber conjugar todos ellos.

Contar una historia como la que aquí relata Izquierdo requiere, para empezar, conocer de primera mano la vida entre escorias, minas a cielo abierto, detonaciones constantes y los restos, aún perceptibles, de la segregación que impusieron los británicos. Requiere, además, traer al presente la memoria de la explotación humana y la resistencia contra ella, claro, pero ya lo he dicho: de eso se encargan los libros de historia porque en la literatura, en la buena, al menos, la memoria es un estado que lo permea todo, no un simple relato. Y, por último, requiere entender que en el proceso de ahondar en quiénes somos como individuos, siempre quedan vetas que escarbar precisamente en el lugar al que nunca queremos volver. La literatura, así, se convierte en el arte de la mezcla, de la combinación, y de ese entreverado solo nace una invención que, en consecuencia, nos traslada a un escenario que por fuerza tiene que ser imaginario.

Lo repito otra vez, este no es un libro de historia, y por eso aquí no está Minas de Riotinto, ni las luchas obreras de finales del XIX y principios del XX, ni la recuperación estatal del suelo, ni la Transición y sus traiciones. Por supuesto que no está. Para empezar porque Lejana y rosa, ese verso que escribió Juan Ramón Jiménez al volver la vista a Huelva, transcurre en Tarsis, cuyas fronteras solo existen en la creatividad de Rosario Izquierdo y, esperamos, en la de la conciencia de la multitud de lectores que merece esta soberbia novela, la tercera de su autora. Seguir leyendo «‘Lejana y rosa’: el pasado minero de Huelva como novela de aprendizaje»

LA REVOLUCIÓN DEMOCRÁTICA TIENE NOMBRE DE MUJER

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Elvira Megías

[Columna publicada originalmente en eldiario.es]

“Somos valientes porque no nos han dejado otra opción”, dijo Ada Colau el pasado 6 de mayo en Madrid ante una multitud que abarrotaba la explanada del Museo Reina Sofía. A su lado, Manuela Carmena, de Ahora Madrid, asentía. Era un acto de hermanamiento público entre muchas candidaturas ciudadanas para las próximas elecciones municipales, que sobre el escenario escenificaron seis de ellas. Ysabel Torralbo, de Málaga Ahora, representaba una de esas iniciativas. Durante la mañana previa, en rueda de prensa, estas tres mujeres acapararon los flashes de los fotógrafos. No es de extrañar.

Si algo hemos aprendido de la nueva política es que tiene que ver poco con la edad, como atestiguan los 71 años de Manuela Carmena. Sin embargo, que tres de las candidaturas ciudadanas de las mayores capitales del conjunto del país estén encabezadas por mujeres sí parece lanzar un mensaje: en la nueva política -cuando los hombres no eligen a dedo, pero sí la gente en primarias abiertas- las mujeres asumen papeles mucho más relevantes de lo que estábamos acostumbrados: una razón más para entender por qué esta “revolución democrática”, en palabras de Ada Colau, hace temer tanto a los de arriba. Seguir leyendo «LA REVOLUCIÓN DEMOCRÁTICA TIENE NOMBRE DE MUJER»

EL NUEVO BIPARTIDISMO: CANDY versus FROZEN

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[Columna publicada originalmente en eldiario.es]

Que el asunto más interesante sobre el reciente Debate del Estado de la Nación haya girado en torno a Celia Villalobos y su entretenimiento con el Candy Crush demuestra que el bipartidismo ha muerto. Por una vez, el Partido Popular estuvo cerca de la gente y la ex alcadesa de Málaga ejemplificó a la perfección el sentir de la ciudadanía: cualquier muñegote de una tablet resulta más interesante que Rajoy.

Cuando el periodista Antonio Maestre grabó a Villalobos jugando desde su asiento de presidenta de la Cámara, donde relevaba a Jesús Posadas, probablemente imaginaba que estaba registrando un momento perfecto: la muerte del bipartidismo sin solemnidad alguna, irrisoria, intrascendente, despreciada incluso por sus propios protagonistas. El discurso delirante y triunfalista de Rajoy quedaba inválido por unos cuantos pantallazos en la tablet de una de las antiguas ministras de su partido. El Candy Crush merecía más atención. Pero no, luego supimos, a través del programa El Intermedio, de La Sexta, que el juego en cuestión, que por lo visto consiste en colocar caramelitos, no era ese. Era Frozen Free Fall, el juego de Disney sobre su popular película, que a mi sobrina de cuatro años de edad, lo mismo que a Villalobos, le encanta.

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CANDIDATA RODRÍGUEZ

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[Columna publicada originalmente en el diario.es]

Como cabía esperar Teresa Rodríguez será la candidata de Podemos en las elecciones andaluzas, después de un proceso de primarias que ha tenido que correr contrarreloj. El repentino adelanto electoral ha provocado que la formación ni siquiera haya tenido tiempo para constituir su consejo ciudadano, tal y como ha ocurrido en el resto de Comunidades Autónomas. Y ahora, a punto de comenzar la campaña oficial, vale preguntarse qué es lo que vemos cuando vemos a Teresa Rodríguez.

Quizás, lo primero que vemos es lo que no vemos. Por utilizar una figura comprensible: no vemos testosterona. Vemos a una candidata que se expresa con firmeza, con contundencia a veces, que no se deja avasallar ante las preguntas insidiosas de algunos periodistas, a cuyas entrevistas, incluso interrogatorios, se ha prestado en estos días. Vemos una candidata que llama a las cosas por su nombre, que no rehuye la confrontación, que parece segura de sí misma, que transmite sus mensajes de manera clara, directa -que comunica, en definitiva, con mucha mayor soltura que cuando saltó a primera línea hace un año.

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¿CÓMO ESTÁN USTEDES?

bailando_opt[Columna aparecida originalmente en eldiario.es]

Susana Díaz tiene mi misma edad, por lo que a buen seguro recordará también a los famosos Payasos de la Tele y su mítico saludo, aquel «¿Cómo están ustedes?. Biennnn», gritábamos todas las niñas y niños de este país, hasta que los payasos se daban por satisfechos y entonces comenzaban su espectáculo. El espectáculo de Susana Díaz se llama elecciones anticipadas. Según sus propias palabras, lo hace en un «impecable» ejercicio de democracia, así que los andaluces debemos contestar «Biennnn».

A nuestra presidenta le puede tanto su afán democrático que ha entendido que en Andalucía no podemos esperar hasta mayo, de manera que ese adelanto se hiciera coincidir con las elecciones municipales. Y es que, aunque creíamos lo contrario, en Andalucía andamos sobrados de pasta, así que nos vamos a gastar, según parece, no menos de diez millones de euros para votar el 22 de marzo. A mí se me ocurren algunas cosas que hacer con esos millones de euros, pero ninguna es mejor que un «impecable» ejercicio de democracia en marzo, y luego otro en mayo.

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‘LOS COMBATIENTES’, DE CRISTINA MORALES (ED. CABALLO DE TROYA)

ECT51228.jpgNo había leído aún Los combatientes, primera novela de la joven Cristina Morales (Granada, 1985) que causó cierto revuelo cuando se descubrió que un par de párrafos sobre la juventud llamada a la acción política correspondían a Primo de Rivera. Me alegro de haberlo hecho por fin. Hacía tiempo que no leía algo con una cualidad como la que aquí es, sin duda, la principal: la intensidad. Los combatientes es una novela breve, que no trata tanto de narrar una historia como de removernos por dentro, a golpes si hace falta, a veces certeros, otras potentes aunque algo desviados, algunas veces a traición y siempre, qué duda cabe, obligando al lector a mantener la guardia, la atención por todo lo alto.

La historia que traza en sus páginas es una historia colectiva, y en eso también radica su fuerza. A través del proceso para crear un pequeño grupo de teatro en la Universidad de Granada, de los ensayos para su primer montaje, de retazos de la propia representación así como de la historia sentimental de la narradora, Los combatientes no trenza tanto un argumento como un discurso. Es un discurso insertado de lleno en el contexto actual: la precariedad, la falta de expectativas para toda una generación y la ansiedad frente a un futuro incierto que se expresa a través de los cuerpos, de la composición colectiva con los demás, de la afectividad y la cotidianidad.

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