CANDIDATA RODRÍGUEZ

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[Columna publicada originalmente en el diario.es]

Como cabía esperar Teresa Rodríguez será la candidata de Podemos en las elecciones andaluzas, después de un proceso de primarias que ha tenido que correr contrarreloj. El repentino adelanto electoral ha provocado que la formación ni siquiera haya tenido tiempo para constituir su consejo ciudadano, tal y como ha ocurrido en el resto de Comunidades Autónomas. Y ahora, a punto de comenzar la campaña oficial, vale preguntarse qué es lo que vemos cuando vemos a Teresa Rodríguez.

Quizás, lo primero que vemos es lo que no vemos. Por utilizar una figura comprensible: no vemos testosterona. Vemos a una candidata que se expresa con firmeza, con contundencia a veces, que no se deja avasallar ante las preguntas insidiosas de algunos periodistas, a cuyas entrevistas, incluso interrogatorios, se ha prestado en estos días. Vemos una candidata que llama a las cosas por su nombre, que no rehuye la confrontación, que parece segura de sí misma, que transmite sus mensajes de manera clara, directa -que comunica, en definitiva, con mucha mayor soltura que cuando saltó a primera línea hace un año.

Vemos todo eso, sí, y comprobamos que nada de ello es incompatible con la serenidad, los buenos modos, cierto humor, con el respeto, con una gestualidad e incluso postura corporal carente de cualquier arrogancia. En otras palabras, cuesta imaginar a Teresa Rodríguez repantigada en una sillón de un plató de televisión, mucho menos apodando a nadie “Don Pantuflo”.

Teresa Rodríguez, por lo que llevamos visto, y no parece que habrá lugar a sorpresas, tiene otro estilo (que cada uno decida con respecto a qué o quién). Y a mí me llega más. Me cansa tanto combate cuerpo a cuerpo televisado -comprensible, por otro lado, dado el inverosímil grado de agresión que la prensa antes prestigiosa se permite en los últimos tiempos-. Me cansan, sí, esos combates en los que, más que golpear, se diría que hay que demostrar lo mucho que uno sabe aguantar las hostias: “Aquí estoy yo, a ver si puedes conmigo”. Es un juego perverso, porque una vez aceptado el circo televisivo, debe de resultar casi imposible fajarse del espectáculo, claro.

“Por mucho que repitan la misma pregunta no va a cambiar la respuesta”, contestó Rodríguez durante la rueda de prensa de su candidatura ante las recurrentes menciones a Monedero. Ya había respondido antes, con claridad, sin esquivar ningún aspecto, y no tuvo reparos en poner un poco de orden… No hubo rastro de arrogancia. Ya digo, es otro estilo.

Se me ocurre que ese otro estilo tenga que ver con algo que acostumbra a declara Teresa Rodríguez. Afirma siempre que puede -basta mirar su perfil de Twitter- que es feminista, algo poco sorprendente, pero que muchas personas de su partido no parecen compartir, y eso sí es sorprendente. Quizás todavía haya quien entienda el feminismo meramente como la igualdad jurídica entre hombres y mujeres o, incluso, como la adopción por parte de las mujeres de roles típicamente masculinos. Tal vez me aventuro demasiado y me meto donde no me llaman si digo que otras líderes políticas, como Rosa Díez o Susana Díaz, se acogerían a esa definición. Si algo nos han enseñado los feminismos, si algo hemos aprendido de alguno de sus filones más enriquecedores, es que no hay una pauta, un rol, un cuerpo, un género y ni siquiera un sexo, que no atienda a una concepción ideológica. Pero eso es harina de otro costal.

De momento, lo que yo veo es que cuando Teresa Rodríguez se enfrenta o interpela a sus adversarios no se repantiga en ninguna silla. Y a mí eso me gusta.

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