PODEMOS SON LOS PADRES

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eldiario.es

[Columna aparecida originalmente en eldiario.es].

Mi padre fue una de las miles de personas que acudió en Madrid a la Marcha por el Cambio convocada por Podemos el pasado 31 de enero y sin duda, si viviera aquí en Málaga, este sábado habría asistido al mitin de campaña. En un principio me sorprendió, porque no guardo memoria de mi padre en manifestaciones, como tampoco en mítines. Luego he ido sabiendo que los padres y madres de otros amigos de mi generación también estuvieron presentes en la Marcha. Nuestros padres, me dicen, están entusiasmados, o cuando menos convencidos. Y ninguno de nosotros los recordábamos así.

Nuestros padres pertenecen a una generación que se educó en el tósigo del franquismo, y en casa sabíamos que eran de izquierdas. Teníamos al Régimen representado en Alianza Popular, mientras que la mayoría de nuestros padres eran votantes del PSOE. Luego, cuando sus hijos crecimos, descubrimos asombrados qué era en realidad el PSOE, y nos costó entender -nos sigue costando- que aun así lo siguieran votando: teníamos la teoría del voto útil, claro, pero también teníamos los GAL y de ahí en adelante.

Desde los primeros gobiernos de Felipe González supimos que esos socialistas hacían uso de los fondos reservados como otros ahora de las tarjeta black, y que el nepotismo y la corrupción estaban tan asentados que las estancias en la cárcel de nuestros dirigentes se solventaban a golpe de indulto. Esta tradición, por cierto, está tan asentada en el PSOE que el último acto del gobierno de Zapatero, ya en funciones, fue indultar, contra el criterio del Tribunal Supremo, a Alfredo Sáez, vicepresidente del Grupo Santander y ladrón de guante blanco.

¿Justificaba el odio a la derecha posfranquista el voto al PSOE de nuestros padres? Probablemente en un inicio fuera así, seamos indulgentes, pero a medida que el bipartidismo se revelaba como las dos caras de un sola moneda, no precisamente izquierdista (“la misma mierda es”, etc.), costaba más y más entender a nuestros padres. O no. La izquierda, o cuando menos frenar a la derecha, para tantos de ellas y ellos pasaba por votar casi de tapadillo al PSOE, o bien a los comunistas, antes con sus propias siglas y después con las de IU. Y eso eran palabras mayores.

Al PCE se le reconocía la lucha contra el franquismo. De hecho, en buena medida vale decir que ese ha sido su rédito principal, y nadie se lo puede disputar. Pero en muchas de nuestras casas sabían lo que era el PCE, y en general los partidos comunistas. No importaba que todo el mundo conociera gente valiosa, honrada y luchadora dentro del Partido, las bases. Todo el mundo sabía que, a la hora de la verdad, el Partido era el aparato, y no hace falta que nos extendamos en lo que eso significa. No hay militante de la izquierda que directa o indirectamente no se haya visto afectado por él.

Y entonces, por fin, llega Podemos y según las encuestas arrasa en casi todos los rangos de edad… excepto entre mi generación, paradójicamente la misma que la de su principal dirigente, la de quienes nacimos en el marco de la Transición. Esto es, la de las hijas e hijos de quienes supuestamente nos habían traído una democracia impoluta, pero también la de quienes vimos cómo nos la corrompían antes siquiera de tener derecho a voto. Los más jóvenes, claro, ya la heredaron podrida, como si ese fuera su estado natural, y por eso en mayo de 2011 no se anduvieron con medias tintas. ¿Y nuestros padres y madres? Ellos, por fin, recuperan la ilusión. Ya pueden votar a la izquierda sin complejos.

Yo tenía que escribir una columna entera, pero lo cierto es que durante la Marcha del Cambio todo esto lo sintetizó en menos de 140 caracteres @lulm: “Siento desilusionaros pero Podemos no existe. Son los padres. #ManiDePadres”.

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