IOSI HAVILIO: “EL VERDADERO DESAFÍO CONSISTE EN DEJAR DE SER ESCRITOR”

OLYMPUS DIGITAL CAMERAEl autor argentino publica en España Paraísos, que retoma a las protagonistas de su primera novela para meterlas en un Buenos Aires de “irresistible normalidad fantasmal”, según la crítica de su país.

Buenos Aires ha cambiado. En Palermo Viejo, donde nos hemos citado con el novelista Iosi Havilio (Buenos Aires, 1974), cuya tercera obra, Paraísos, publica ahora en España Caballo de Troya, abundan en la actualidad los cafés y comercios que podríamos llamar “de tendencia”, jóvenes disfrazados de bohemios, hipsters que se descalzan mientras hojean un libro sentados en un banco, librerías con menús para almorzar a precios poco populares y, en definitiva, “un cosmopolitismo con el que el porteño en realidad no sabe qué hacer”. Havilio conoce bien el barrio y, de hecho, Paraísos transcurre por ahí.
Cuando Havilio comenzó a escribir, sin embargo, trataba de situar sus tramas tan alejadas como pudiera de Buenos Aires:
-Era una concepción todavía romántica de la literatura. Me decía que un buen escritor debía mantener su entorno más inmediato lejos de sí, inventar en todo. Era joven y torrencial, podía pasarme el día entero escribiendo.
-¿Y ahora?
-Ahora, con dos hijos, aprovecho veinte minutos más que antes una hora. Paraísos la escribí en los trayectos de tren de Tigre a Buenos Aires. Además creo que la literatura no es tanto añadir y añadir como quitar. Ya se ha dicho antes, si la pintura es el arte del añadido, la literatura es la de ir quitando, como un escultor que con el cincel va despedazando el bloque hasta darle la forma que quiere.
-¿Es así cómo ha escrito sus obras?
-Así es como estoy intentando escribir ahora. Tengo dos novelas en marcha, y añado y añado: reflexiones, escenas, diálogos, etc., con la intención de ir creando ese bloque que luego pueda cincelar. No se trata entonces tanto de que cada línea que escribes esté concebida para la novela que tienes en mente, sino más bien que aporte a un proceso creativo del que no sabes qué va a quedar.
-Entonces, ¿cómo fue el proceso creativo en sus otras novelas?
-En Opendoor, de alguna manera, me dejé llevar. Algo así como escritura libre, sin estructura previa, mientras que Estocolmo fue justo lo contrario: todo estructura que marcaba los pasos. Paraísos es el cruce de ambas maneras.
No es ese el único cruce que encontramos en Paraísos: esta novela viene a ser una suerte de continuación de Opendoor, el debut con el que 2006 sorprendió a la crítica y llevó a que la novela se editara en varios países, recientemente en Inglaterra. Havilio retoma la misma narradora,varios años después, y la lleva al corazón de Buenos Aires, en una suerte de viaje inverso al de la primera novela.
-En esta ocasión quería escribir una historia ambientada en Buenos Aires y cuando comencé me di cuenta de que la voz narradora era la misma de Opendoor. De algún modo uno elige sólo en parte lo que va a escribir, pues siempre hay algo que aparece y en lo que poco a poco uno va recociendo facetas de su propio pasado. El mundo que te rodea también acaba contagiándote, inevitablemente, en este caso Buenos Aires, así que la propia ciudad transforma el relato, incluso el tono.OLYMPUS DIGITAL CAMERA
-Ese tono de distanciamiento, esa manera desafectada de contar, sin aspavientos, casi atonal, que la narradora mantiene hasta el final a pesar de la intensidad de sus vivencias es quizás lo más arriesgado de la novela.
-Así es. Si uno se convierte en un profesional de la escritura, como vemos en tantos autores consagrados, abandona el riesgo. El verdadero desafío por tanto consiste en dejar de ser escritor. Un autor como César Aira, por ejemplo, al margen de cuántas de sus obras perduren, es alguien que deja de ser escritor en cada uno de sus textos, porque se reinventa, asume riesgos nuevos, juega. Y sí, esa manera desapasionada de contar todo es un riesgo. A mí me gusta pensar que hay dos narradoras. La que nos cuenta lo que está viviendo, y la que de verdad lo está viviendo. Le suceden cosas tan tremendas, pero lo cuenta tan fríamente, esto es, tan preocupada por el estilo, que parece que en el fondo nos esté diciendo “Mira todo lo que me banco yo sola”, y podemos sospechar que no es así, que es una soberbia.
-Se puede entender, pues vive en el borde, en el margen, y tal vez es una estrategia de superviviencia.
-Sí, ese borde, ese margen, he pretendido que sea una parte constitutiva del relato, y no meramente decorativa, como sucede a menudo en la narrativa actual.
-La novela se publica ahora en España, el resto de su obra está siendo traducida…
-Este país, y en realidad Latinoamérica, ha cambiado en eso enormemente. Antes había cinco autores, ahora quinientos y otras tantas editoriales. Si damos un paseo por este barrio te podré señalar al menos a tres novelistas. Y todos tenemos nuestro ego: queremos publicar fuera, queremos que nos traduzcan, nos entra ansiedad si no es así… Hace no tanto esos cinco ni soñaban con ello.
-Y también son reseñados. Opendoor tuvo una acogida muy favorable, no tanto Estocolmo, que para mí es su mejor obra.
Opendoor era mi primera novela publicada, y la crítica vio un autor original. Cuando salió Estocolmo imagino que esperaban algo similar: la periferia de Buenos Aires, relato del borde, extrañamiento, locura, y no la historia de un homosexual chileno que regresa del exilio. Lo interesante sería saber qué acogida habría tenido esa novela sin la existencia previa de Opendoor.
Si el barrio de Palermo ha cambiado, Iosi Havilio nos despide después de almorzar en uno de los lugares “que todavía se mantienen”. Uno, que sólo está aquí de visita, ignora cuántas de las personas que se cruza en su camino hacia una librería cercana son o no novelistas, si su ego les produce ansiedad, si aspiran a pasar a de una de esas muchas editoriales nacionales a un gran grupo, si echan de menos el Palermo no tan cosmopolita. En cualquier caso, cuando salgamos del barrio por Plaza Italia y pasemos por la entrada del zoológico, donde trabaja la narradora de Paraísos, sabemos que poco importa ya el Buenos Aires que visitamos, pues también tenemos otro que únicamente hemos leído en novelas como la de Iosi Havilio.

[Publicada originalmente en el n.º 104 de Clarín, revista de nueva literatura]

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