SOMOS ENJAMBRE

Jocape
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[Columna publicada originalmente en el diario.es]

La revolución democrática ha acabado con el Régimen del 78. Sus partidos aún perviven, claro, y seguirán haciéndolo durante largo tiempo, al menos el PP y el PSOE, pero el 24 de mayo de 2015 ha sido lA fecha que certifica el fin de su hegemonía.

A estas elecciones municipales, como escribí hace unas semanas , se presentaba “gente como tú y como yo”: personas que nunca antes se habían dedicado a la política institucional, personas que nunca habían aspirado a ocupar cargos públicos, que esperaban que algún partido por fin dignificara la democracia, pero que, hartas de tanta frustración, organizaron plataformas ciudadanas para concurrir a estos comicios. Esas personas, ahora, están en los ayuntamientos de sus municipios. Sus intenciones son tan claras que, para evitar siquiera asemejarse a esa clase política cada vez más distanciada de la ciudadanía, se han “vacunado”, como dice Teresa Rodríguez, mediante estrictos códigos éticos y formas de hacer horizontales y participativas. Es la manera de hacer propia de los movimientos sociales, que en esta coyuntura han dado el paso hacia el asalto institucional.

Ada Colau va a ser alcaldesa de Barcelona. Por mucho que uno se repita esa frase no deja de resultarle increíble. La misma Colau que la liaba en las acciones de V de Vivienda, la misma que actuó hace no tanto en el patio de La Casa Invisible con el espectáculo Conservas, la que se esposaba en los bancos como activista de la PAH. No es un meme: El “Ada Colau sí me representa” es pura realidad.

Aquí en Málaga, la noche del 24 de mayo también confirmó la entrada de gente como tú y como yo en el Ayuntamiento. Cuatro concejales, tres de ellas mujeres, han entrado por Málaga Ahora: activistas de la PAH, de Marea Verde, del movimiento humanista. Algunos de sus perfiles son realmente inauditos para la vieja política: Isa Jiménez, parada de 56 años, o Rosa Galindo, que se define como “cuidadora”, además de Juanjo Espinosa e Ysabel Torralbo, la cabeza de lista. Sí, gente como tú y como yo, gente experta en la gestión colectiva que de pronto pasan de los centros sociales a situarse como tercera fuerza política de su ciudad, únicamente superados por el PP -que pierde su mayoría absoluta- y el PSOE. Ha bastado un solo día, el del pasado domingo, para que de golpe uno cuente con una buena cantidad de amigos concejales repartidos por todo el país.

Que el Régimen del 78 empiece a morir por lo municipal es una consecuencia lógica del protagonismo ciudadano: “la política comienza por lo más cercano”, hemos repetido durante el último año, y ahora confirmamos que no era una hipótesis desacertada. Además, se abren así alentadoras expectativas para las elecciones generales de noviembre.

En principio, el partido que mejor ha recogido el espíritu post 15M para esas elecciones es sin duda Podemos. La izquierda tradicional debería tomar buena nota de lo que han supuesto las candidaturas municipales de confluencia si no pretende ahondar más su propia tumba. Allí donde Izquierda Unida ha presentado papeletas con sus siglas, como en Málaga, han empeorado sus magros resultados anteriores. En Madrid capital han quedado incluso por debajo de la ya extinta UPyD, e incluso en la ciudad de Jaén la organización ha expulsado a quienes figuraban como candidatos en listas de confluencia, lo que de paso ha provocado la espantada en masa de casi todos sus militantes. Mientras unos han elegido aumentar su potencia mediante el modelo cooperativo de las abejas, otros se han conformado con el de los mosquitos: zumbar y picar.

Escribo esto a trompicones, lastrado por la resaca de la celebración de los resultados electorales. Aun así, conservo la suficiente lucidez para reconocer algo que ya sabíamos. Somos enjambre.

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