Alcaldessa

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[Columna publicada originalmente en eldiario.es] A finales de mes se estrenará en salas comerciales Alcadessa, el documental sobre Ada Colau que le valió a su director, Pau Faus, la biznaga de plata en la sección documentales del pasado Festival de Cine Español de Málaga.

Faus y su equipo han rodado un apasionante documental que mantiene la emoción a flor de piel, que logra que vivamos un viaje fascinante, como si no conociéramos su final: la victoria electoral de Barcelona en Común en las elecciones municipales de 2015. Y es que Alcadessa ofrece un retrato insólito en el panorama de los documentales políticos: Ada Colau muestra su lado más vulnerable, se derrumba ante la cámara, llora, cuestiona su propia valía, se decepciona, lamenta el tiempo que no tiene para pasar con su hijo y duda.

Duda mucho, duda cuando descubre de pronto que tiene «poder» y que el poder se ejerce, duda cuando se lleva «una hostia monumental» durante las primeras negociaciones «realpolitik» con los partidos que finalmente se integrarían en Barcelona en Común. Todo eso lo hace sola frente a una cámara, en lo que sin duda supone uno de los grandes aciertos de este documental: el vídeo-diario en el que Colau enseña su lado más humano y menos mediático: «Extraño a la PAH», confiesa antes de romper a llorar. Colau, cuando habla de «feminizar la política» se refiere también a eso: a no fingir que esta es una labor solo para «súper hombres» que «saben de todo».

Y Alcadessa, aun centrada en el sobrecogedor viaje de una persona corriente a las entrañas de la bestia, es también un hermoso retrato colectivo. Uno mismo ha tratado de describir la composición de los colectivos que se embarcaron en la aventura municipalista, quiénes son-somos- esas personas y cómo se organizan y trabajan de cara al asalto institucional. Si este documenta hubiera existido habría resultado inútil. Faus y su equipo ponen cuerpo y emociones allí donde las palabras resultan insuficientes.

Vemos las costuras de lo que es un movimiento social, las discusiones internas, los pareceres divergente y, sobre todo, cómo la pura creatividad y potencia de la cooperación superan a los grandes presupuestos y las decisiones colectivas unen más que las votaciones de una ejecutiva. Vemos, sin más, a personas corrientes haciendo cosas extraordinarias, pero sobre todo lo sentimos.

Y es precisamente por eso por lo que Ada Colau supera sus temores y dudas, cuando recuerda que forma parte de algo más grande que ella, que su fuerza radica en todo lo que la acompaña, en todas esas personas que, desde mucho antes de esta experiencia, vienen trabajando, como ella misma, en la transformación social. Entonces sí, el cambio que se opera en la futura alcaldesa lo vemos, o mejor, otra vez lo sentimos, lo experimentamos y nos atraviesa la piel. Cuando Colau asiste al último debate televisivo sabemos ya que es invencible, que otra vez la gente habla a través de su locuacidad.

La escena, que no revelaré, que pone fin al recuento electoral resulta impagable. El propio Faus, en el coloquio que siguió a la proyección de su película en Málaga, reconoció que aguantó durante cuarenta minutos con la cámara fija: «Sabía que ese momento sería especial, pero no imaginé de qué manera». A esa paciencia para mantener la cámara le debemos varios segundos que resumen un proceso de un año: son segundos de humanidad, de ingenuidad, de sorpresa, de incredulidad incluso.

Son los segundos en los que todas y todos sabemos que la política institucional ha cambiado para siempre.

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