Texto a partir de la lectura de Primeros materiales para una teoría sobre la jovencita, de Tiqqun (Editorial Acuarela)
Dramatis personae: Tiqqun (que es solo una Voz), Jovencita, Amig@, Terapeuta, Mamá/Papá, Amante casual, Pareja, Grupo de amig@s, Jovencita 2.
TIQQUN (que es solo una VOZ): “La Jovencita lleva una máscara y, cuando lo confiesa, es invariablemente para sugerir que tiene ‘un verdadero rostro’ que no muestra o que no podría mostrar. Pero ese ‘verdadero rostro’ es también una máscara espantosa; el verdadero rostro de la dominación. Y de hecho , cuando la Jovencita ‘deja caer la máscara’, es el Imperio el que os habla en directo”.
“La anorexia expresa en las mujeres la misma aporía que se manifiesta en los hombres bajo la forma de la búsqueda del poder: la voluntad de dominio. Solo que, debido a una codificación cultural patriarcal más severa para las mujeres, la anorexia traslada a su cuerpo la voluntad de dominio que no puede imponer al resto del mundo”.
“En la anorexia hay bastante más que una patología de moda: el deseo de liberarse de un cuerpo enteramente colonizado por la simbología mercantil, el deseo de reducir a polvo una objetividad física de la que la Jovencita ha sido completamente desposeída”.
JOVENCITA: El futuro es un delirio que surge de otro delirio, que es el pasado, pues ninguno de los dos existe realmente y, sin embargo, es el pasado ―los recuerdos― lo que nos frena, lo que nos impide vivir el presente y por tanto proyectarnos hacia un futuro.
Un sábado del pasado me dijiste…
AMIG@: … que incluso en tu alegría adivinaba la impostura.
JOVENCITA: Sí, eso dijiste. Yo eso sábado no había parado de reír. Dijiste más…
AMIG@: Dije «No me asusta la que hay debajo, ya la intuyo, y no la temo. A veces te oigo un comentario despreocupado, te veo hacer algo en apariencia rutinario, y estoy pensando que en realidad preferirías no estar aquí, hablar de otro asunto, abandonar tu papel; a veces sé que incluso tú intuyes que me doy cuenta, que sé que estás fingiendo porque sufres de ti misma, y que a ese dolor le añades el de adivinar que yo lo descubro y a mi vez finjo no saber».
JOVENCITA: ¿Qué más dijiste?
AMIG@: Dije también que sabía que en esos momentos te despreciabas por estar engañándote, por la agotadora labor de mostrar durante veinticuatro horas al días a alguien construido con mentiras, con actuaciones y encubrimientos, y que sabía que tu temor era el de salpicarme con tu mierda si me revelabas esa que crees ser.
JOVENCITA: Lo recuerdo todo. Dijiste que no te importaba que, de momento, para defenderme a veces no comiera y si lo hacía a continuación vomitara, porque sabías que cuando el tiempo pasara, cuando ya no tuviera fuerzas para seguir inventándome a esa persona, podrías confesarme entonces que desde tiempo atrás apenas te fijabas en ella, que te daba igual, que ya estabas viendo la que había tras las risas con los demás, tras el saber estar con los otros, tras el desenfado, y no te asustaba. No ibas a salpicarte de mierda porque todo ello era parte de mí, y entendías mi miedo, mi pavor, mi sensación abismal si por una vez salía la persona que arrojaba en cada vómito. Dijiste que a veces me veías asomarme a ese abismo, en una sonrisa quebrada antes de tiempo, en una mirada apartada con demasiado retraso, en una palabra banal, en un tremolar de mis dedos sin causa cierta, y que por dentro me impelías, pero enseguida sentías cómo yo retrocedía. Y te callabas, porque ambos teníamos el tiempo por delante.
En eso, sobre todo en eso, te equivocaste. No fui capaz, no podía serlo por entonces, de superar el delirio del pasado, el anclaje de los recuerdos y el miedo a repetir, a convertirte en lo mismo que convertí, que convierto, a quienes quiero: meros espectadores de una función extenuante, interminable. Lo único verdadero era el tiempo real, pero ese es el lugar donde más cuesta la resistencia. Aún no podía rebasar la brecha de mi pasado para ofrecerte algo distinto a la mentira. Y tú sabías la verdad. Perdiste la inocencia del espectador, pero yo aún no había echado el telón. Vivimos una contradicción insuperable y aún te lo agradezco.
AMIG@: No es cierto. No nos equivocábamos, sí puedes ofrecer algo distinto a la mentira, sí puedes resistir, si puedes revivir.
JOVENCITA: ¿Eres tú quien habla?
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