- Perdón por el preámbulo
Tres décadas antes de que a Kenzaburo Oé le concedieran el Premio Nobel, y cuando no había cumplido los treinta años, publicaba la que aún hoy se puede considerar su obra maestra, Una cuestión personal. En aquel momento Yukio Mishima era sin discusión alguna la gran figura de la intelectualidad japonesa, y no dudó en encumbrar a Oé. Sin embargo, en la crítica que escribió sobre Una cuestión personal afeaba a su autor el final de la historia. A Mishima aquel final le resultaba harto convencional, harto –como diríamos hoy- políticamente correcto. En cierto modo, Una cuestión personal es la lucha de su héroe por desatarse de la moral común, por desenvolverse dentro de una amoralidad. Se ha comparado mucho a Oé con Dostoyevsky, y no es desacertado.
Años después de que Mishima publicara esa crítica, y cuando probablemente ya se había suicidado en directo para todo el país, Oé recibió una carta de un amigo suyo. Se la escribía desde la cárcel, donde cumplía condena por lo que parecía un crimen machista cometido allá por la lejana aldea insular de Shikoku. Este amigo venía a dar la razón a Mishima, pero en lugar de proponerle que reescribiera el final de la historia, simplemente le instaba a suprimir unas cuantas frases muy concretas de los últimos párrafos. De este modo, el final ganaría en frialdad, en punzada, ni más ni menos que como el resto de la novela. Oé nunca ha cambiado nada de Una cuestión personal.
Seguir leyendo «KENZABURO OÉ Y EL DESEO SOCIAL DE LAS POMPAS DE JABÓN»
