GANEMOS Y LA IZQUIERDA

[Opinión aparecida originalmente en Eldiario.es]

ganemosHan pasado ya varios meses desde el surgimiento de Guanyem Barcelona y la posterior réplica de iniciativas parecidas a lo largo de todo el Estado. En este tiempo se han multiplicado también los diferentes análisis, casi todos coincidentes en algunos puntos: el campo de posibles que abrió el 15-M y su onda expansiva en forma de mareas, plataformas y experiencias colectivas de todo tipo; la agonía obscena del Régimen del 78, con su goteo incesante de corruptos condenados, de cortejos cada vez menos sutiles entre los dos grandes partidos; la irrupción de Podemos tras las elecciones europeas como un acicate más al Sí se puede… Ganemos visto como lo nuevo frente a lo viejo, los de abajo frente a los arriba, la democracia frente a la mafia, el 99% frente al 1%, la gente frente a la oligarquía, o la casta. ¿Y Ganemos frente a la forma partido?

Aunque aún incipiente, el experimento Ganemos merece ser abordado ya desde una mirada menos analítica, más centrada en sus prácticas, en los hechos, en una acción que ya es visible en cada ciudad de manera más o menos cotidiana.
Sin lugar a dudas, lo más llamativo en la práctica de una iniciativa como Ganemos es la generosidad. Basta participar en alguno de sus grupos de trabajo para descubrir un número creciente de vecinas y vecinos poniendo tiempo, energía, recursos y aprendizaje al servicio de un proyecto eminentemente ciudadano. Muchas de esas personas están adscritas a diferentes organizaciones sociales, sindicales, vecinales o incluso políticas. Y ahí descubrimos otro rasgo de generosidad: no son pocas las organizaciones políticas, los partidos, que se han sumado a Ganemos, en algunas ciudades de manera explícita, en otras a la espera de formalizarlo en próximas asambleas constituyentes, como el caso de Málaga.
Estos partidos, y de ahí su generosidad, han sabido abandonar algunas de sus señas de identidad, trabajar por una confluencia real, animar a sus militantes a un debate enriquecedor, olvidar antiguas rencillas, apostar, en definitiva, por lo que es Ganemos: un proyecto ciudadano que aspira a revertir la relación entre los representantes y los representados, a construir una nueva municipalidad, a que el protagonismo de nuestras ciudades y pueblos regrese a sus gentes. Y sin embargo…
Ganemos frente a la forma partido, nos preguntábamos. Sin miedo a equivocarnos podemos afirmar que en Andalucía se están cumpliendo algunos de los temores expresados por muchas y muchos al inicio de esta andadura, en concreto en lo relativo a una organización como Izquierda Unida. La estructura del partido, su aparato, sus modos de hacer establecidos, algunos de sus dirigentes, se han revelado, en algunos casos, incapaces de entender la naturaleza de Ganemos y, en otros, han tratado de aprovecharla en beneficio propio, convertir el proyecto en algo que podríamos llamar la marca blanca del partido.
En más ocasiones de las disculpables, con más frecuencia de la que cabría esperar, con una insistencia difícilmente achacable a descuidos, en muchas de nuestras ciudades comprobamos que los canales comunicativos y oficiales de Izquierda Unida llevan a cabo una apropiación sistemática del bagaje Ganemos: perfiles en las redes sociales con un usos equívoco del logo Ganemos, declaraciones de sus líderes cuando menos ambiguas, comunicados de prensa nada aclaratorios, etc.
La confusión crece de manera notable, incluso entre sus propios militantes. Es habitual oír voces que, donde habían visto una iniciativa ciudadana, a la que Izquierda Unida puede sumarse, creen descubrir ahora una organización ideada e impulsada por el propio partido. Gato por liebre, en definitiva. Si añadimos que en algunas capitales de provincia ha sido Izquierda Unida, y no sus vecinos y vecinas, la que en efecto ha lanzado una campaña mediática bajo el paraguas de la imagen Ganemos, el diagnóstico se agrava: Ganemos, así, entendido como una forma blanda del partido, y no como un proceso participado y construido por la ciudadanía, que derivará o no en una candidatura municipal.
Izquierda Unida nació precisamente al calor de las protestas sociales, como suelen recordar sus dirigentes, y se describe a sí misma como movimiento social. Muchas de sus gentes así lo creen y defienden. Da la impresión, sin embargo, de que su cuerpo no envejece bien, de que sus articulaciones son más rígidas, de que el reúma le impide alzar la vista, de que sus caderas ya no siguen el compás de la calle y algunas toses antes desapercibidas se convierten en estertores preocupantes. Da la impresión, claro, al menos en un examen superficial. A fin de cuentas uno no es médico. Son por tanto los hechos, y nada más que los hechos, los que deberán desmentir semejante apreciación.

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